Marathon marca el regreso de Bungie con un shooter de extracción intenso y adictivo. Gran gunplay y atmósfera, pero con un ritmo que puede alejar a algunos jugadores.

Marathon está de vuelta y como nadie esperaba. La IP de Bungie que debutó en 1994 para Mac, la cual revolucionó a sus usuarios —quienes por fin podían jugar a un título similar a Doom (1993)—, vuelve en forma de shooter de extracción PvPvE, el cual apuesta por la tensión constante, la toma de decisiones bajo presión y la tolerancia a la frustración.
El juego nos lleva a Tau Ceti IV, una colonia abandonada en donde cada vez que nos infiltramos la idea es bien simple: entras, buscas botín y tratas de salir con vida. Si mueres, lo pierdes todo. Desde el inicio queda claro que no es una experiencia relajada, sino exigente y, por momentos, frustrante, especialmente durante las primeras horas. Y es precisamente este su mayor atractivo, esa mezcla de tensión constante, en donde todo puede salir mal o muy bien.
Disponible para PC y PlayStation 5, con soporte cross-play, estamos ante un juego que hace cosas extremadamente bien, pero que al mismo tiempo se tropieza con detalles que terminan quitándole ritmo a la experiencia.
La base de Marathon no es nueva. El bucle de entrar, saquear y escapar es algo que ya conocemos gracias a juegos como ARC Raiders de 2025, y acá funciona muy bien. Bungie obliga al jugador a tomar decisiones constantemente, ya sea al avanzar un poco más, exfiltrarte, enfrentarte a otro equipo o evitar el conflicto completamente.
Creo que es importante destacar que cuando se juega con amigos, esa tensión que se genera en las partidas funciona excelente y se potencia aún más con detalles como el chat de proximidad, que permite interactuar con otros jugadores en tiempo real. Puedes negociar, engañar o simplemente atacar sin aviso, lo que genera momentos muy divertidos.
Para moverte con éxito, la estrategia es vital. Una de las tácticas más efectivas que he visto consiste en dejar que los bots de la UESC (la facción que te persigue) detecten a un equipo rival. Mientras ellos están distraídos lidiando con la IA, tú y tu equipo pueden flanquearlos sin que se den cuenta.
Pero el problema es que con el paso de las horas la experiencia se empieza a sentir algo repetitiva, especialmente si no tienes un equipo con el que jugar. No hay grandes cambios en la fórmula ni sistemas que realmente alteren la forma de jugar, aunque esa misma base, bien ejecutada, logra mantener el interés durante bastante tiempo.
Donde Marathon realmente brilla es en su sistema de disparos. Bungie demuestra su experiencia como uno de los estudios más importantes del género, con un gunplay que se siente preciso, rápido y muy satisfactorio.
Cada arma tiene su propia identidad, se siente distinta al usarla y responde de forma clara, lo que hace que los combates sean intensos y dependan bastante de la habilidad y estrategia del jugador. Por ejemplo, es clave utilizar modificaciones para armas que te permiten sacar mayor ventaja en combate.
El combate es muy rápido y me encanta que la habilidad sea tan importante como el equipo que lleves, ya que es muy común ganarle a rivales mejor equipados si juegas bien. A esto se suma un trabajo técnico impecable, el cual se siente muy pulido. La dirección artística, los gráficos, la música y el diseño de sonido están muy bien trabajados, y se complementan excelente con la variedad de builds, el manejo de las armas y el movimiento.
En Marathon las clases son llamadas Runner Shells y van a diferenciar el rol que tiene cada jugador en las partidas. Cada una tiene habilidades principales más poderosas, con tiempos de recarga largos, y otras más rápidas que puedes usar con mayor frecuencia, además de características que marcan su estilo de juego. Ojo, si bien tenemos habilidades, no estamos ante un hero shooter o algo por estilo.
Actualmente hay seis shells: Destroyer, Vandal, Recon, Assassin, Triage y Thief, cada una enfocada en un rol distinto. Sin embargo, más allá de la elección de clase, lo importante es cómo el juego te obliga a pensar antes de actuar. No se trata simplemente de disparar mejor, sino de saber cuándo pelear, cuándo escapar y usar las habilidades en el momento justo.
Aquí surgen roles muy específicos, como el del Thief. En lugar de buscar el enfrentamiento directo, un buen Thief utiliza sus drones de origami para robarle el botín o la munición pesada a un equipo enemigo sin que estos se den cuenta, dejándolos vulnerables para poder atacarlos más facilmente.
Al final todo requiere mucha práctica y paciencia. Puedes ganar un duelo con un buen uso de una habilidad, pero como estas habilidades tienen un cooldown alto, es clave saber cuando usarlas. Esto hace que el ritmo sea más pausado de lo que parece y que la estrategia en equipo tenga un peso importante en las partidas.
Los mapas son parte fundamental de la experiencia y combinan zonas muy cerradas con espacios muy abiertos, generando una sensación constante de peligro donde no sabes realmente qué te puedes encontrar. Todo se siente abandonado, pero no vacío, y eso ayuda a mantener la tensión durante toda la partida.
Aquí es donde Marathon logra diferenciarse un poco más. Su estilo visual apuesta por una ciencia ficción utópica, con luces neón y altos contrastes en sus colores, con escenarios que resultan super llamativos. El entorno también influye en cómo juegas, ya que mecánicas como el manejo del calor o el uso de la lluvia para enfriarte obligan al jugador a moverse con más cuidado y pensar mejor cada movimiento.
También me han sorprendido mucho los enemigos controlados por la IA, ya que no están de relleno y son agresivos, se mueven bien y muchas veces logran confundirte, pudiendo comportarse de forma muy parecida a un jugador real. Esto hace que el combate y la exploración tengan más tensión, porque nunca estás completamente seguro de a qué te estás enfrentando.
Marathon le da al jugador la opción de unirse a diferentes facciones, cada una con contratos que funcionan como misiones dentro de las partidas. A medida que avanzas, no solo mejoras tu equipamiento, sino que también empiezas a entender mejor qué está pasando en este mundo.
La historia no se cuenta con largas cinemáticas (aunque me encantaría), sino a través de pequeños detalles que vas descubriendo poco a poco. Esto hace que el progreso no sea solo conseguir mejores armas, sino también ir armando el puzzle de lo que ocurrió en Tau Ceti IV.
Además, hay un enfoque interesante en cómo se siente progresar. Entre contratos, mejoras y desbloqueos, el juego logra transmitir una sensación constante de avance, casi como si fuera un roguelite. Eso sí, aunque la idea funciona bien, su implementación no siempre acompaña, especialmente por cómo se gestionan algunos contratos.
Por otra parte, aunque morir es durísimo, existen mecánicas que ayudan a que las consecuencias no sean tan brutales. Y aunque puedes perder todo en una partida, el juego compensa con un flujo constante de loot, lo que hace que el miedo a quedarse sin nada desaparezca más rápido de lo esperado.
Todo lo bueno del juego se ve afectado por una interfaz que no está bien resuelta debido a su complejidad. Por ejemplo, gestionar el inventario es super lento, teniendo que mantener presionado un botón para mover un objeto a nuestro almacenamiento. Esto se vuelve especialmente complicado en las primeras partidas.
Hay demasiados tipos de objetos y no siempre es fácil entender para qué sirve cada uno, lo que lleva a perder mucho tiempo revisando información en lugar de jugar. En un título donde el loot es tan importante, esto termina siendo un problema que afecta directamente el ritmo de la experiencia, ya que deberemos leer, pensar que llevarnos, mientras estamos listos para ser flanqueados por otro equipo.
Y si bien la curva de aprendizaje es super alta, una vez superada, el juego se vuelve muy adictivo, incluso si algunos de estos detalles siguen presentes.
Por otra parte, el modo en solitario también es muy difícil, ya que la mayoría de las veces te vas a enfrentar a equipos completos de tres jugadores, sin herramientas claras que te permitan igualar el combate. Aún así, jugar solo cambia completamente el ritmo, obligándote a ser más sigiloso y selectivo en cada decisión.
En lo técnico, eso sí, Marathon cumple a la perfección. El juego funciona de manera fluida, los tiempos de carga son rápidos y la experiencia se siente pulida, algo clave en un género que puede ser muy frustrante si no responde bien.
Por un lado, Marathon es un juegazo en su núcleo, es decir, ofrece un sistema de disparos excelente, una atmósfera muy bien lograda y una experiencia intensa que puede ser muy entretenida y adictiva cuando agarras el ritmo, sobre todo en equipo. A nivel audiovisual y jugable, hay momentos donde simplemente se siente increíble, con una tensión constante en cada partida y un progreso que, pese a sus detalles logra enganchar al jugador.
Además, el hecho de que el loot sea relativamente constante y que siempre estés avanzando, aunque sea de a poco, ayuda a que la frustración inicial se transforme con el tiempo en una sensación de progreso, pese a que pierdas el equipo que lleves a alguna partida fallida.
Por otro lado, el juego posee una interfaz confusa y llena de información, que puede ser un problema par algunos. Pero lo más importante es que no es un juego para todos. Es exigente, requiere tiempo y puede ser frustrante si no estás dispuesto a adaptarte a su ritmo.
Si Bungie logra pulir detalles, Marathon tiene todo el potencial para ser el mejor juego del género. Por ahora, es una experiencia muy sólida en su base, pero que debido a los detalles puede no convencer a todo el mundo.