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Paulo Bernardocki de Ericsson: “En smartglasses y wearables, la IA convierte al dispositivo en una interfaz de contexto”

Para Ericsson la IA hace de smartglasses y wearables unas interfaces de contexto pero sus límites físicos mantendrán al smartphone como el coordinador

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Los smartglasses y wearables incorporan funciones de IA que dependen de cámaras, micrófonos, sensores y conectividad para interpretar el entorno. Su desarrollo, sin embargo, está condicionado por el espacio disponible para integrar batería, antenas, procesamiento y disipación térmica.

El problema se vuelve más exigente al trasladar esas funciones desde un smartphone hacia gafas o relojes, donde el espacio disponible condiciona la batería, las antenas y la disipación térmica. En esta primera parte de la entrevista, Paulo Bernardocki, director de Soluciones de Red de Ericsson para el Cono Sur de América Latina, explica por qué la evolución de estos formatos depende de equilibrar utilidad, autonomía, tamaño y costo.

La IA convierte smartglasses y wearables en interfaces que interpretan el entorno

Este nuevo modelo transforma el uso del dispositivo, ya que las interfaces dejan de depender exclusivamente de una pantalla para empezar a procesar voz, imágenes y datos del entorno en tiempo real. Este cambio, que impacta directamente tanto en el software como en el diseño físico, lleva al director de Soluciones de Red a marcar una clara diferencia entre las gafas centradas en audio —que actualmente lideran en volumen— y las versiones con pantalla, cuya adopción masiva aún depende de superar diversas barreras técnicas.

“La IA ya está cambiando el diseño de los dispositivos porque está moviendo la interacción desde «abrir una aplicación» hacia interfaces más naturales: voz, cámara, contexto, visión y asistencia permanente. En smartphones eso se traduce en más cómputo en el dispositivo, más memoria, mejores sensores y más integración entre hardware y software”.

El teléfono dispone de más recursos para integrar esas funciones, mientras que, en gafas y wearables, Bernardocki sitúa el cambio en la capacidad de interpretar el entorno durante el uso.

“En smartglasses y wearables, la IA convierte al dispositivo en una interfaz de contexto: escucha, ve, interpreta y ayuda al usuario en el momento. El cambio concreto es que el hardware deja de estar pensado solo para consumo de contenido y pasa a estar pensado para capturar contexto y responder en tiempo real”.

La captura de contexto no significa que todos los formatos estén en el mismo punto de desarrollo, motivo por el cual el director de Soluciones de Red separa las gafas de audio, ya disponibles a mayor escala, de los modelos con pantalla.

“Dicho eso, hay que ser realistas: las gafas con IA/audio avanzan más rápido y son hoy el segmento de mayor volumen; las gafas con pantalla aún deben madurar en batería, precio, peso, diseño y experiencia de uso para llegar al mercado masivo. El mercado es aún incipiente pero se mueve rápido: los envíos globales de smartglasses rondaron los 10 millones de unidades en 2025”.

Smartglasses y el desafío de capturar contexto en tiempo real

Captar contexto de manera frecuente aumenta la actividad de los sensores y puede exigir el envío de voz, imágenes u otros datos. Esa carga debe resolverse dentro de equipos más pequeños que un teléfono y con menos margen para incorporar batería, antenas o sistemas de refrigeración.

La conectividad, por tanto, no puede evaluarse solo por la velocidad disponible, sino que también debe considerar cuánta energía utiliza el módem y qué capacidad puede sostener el dispositivo sin aumentar su peso o reducir su tiempo de uso.

Las principales barreras son autonomía, formato físico, costo y conectividad eficiente. En un smartphone hay más espacio para batería, antenas, disipación térmica y módems de mayor capacidad; en unas gafas o un reloj todo eso debe caber en un formato muy pequeño y liviano”.

La falta de espacio tiene consecuencias directas sobre la radio y el procesamiento del equipo, por lo que en su explicación el portavoz vincula esa restricción con la ubicación de las antenas, el procesamiento local y la duración de uso.

“Esto limita el número y la ubicación de antenas, la capacidad de procesamiento local y el tiempo de uso continuo. Además, si el dispositivo captura voz, imagen o sensores de forma frecuente, la demanda de uplink aumenta y la batería se vuelve un problema central: en dispositivos de este tipo la relación entre descarga y subida puede invertirse respecto del uso tradicional”.

Impacto del tráfico de IA en el crecimiento del uplink | Créditos: Ericsson.

Ese patrón de tráfico vuelve insuficiente una conectividad diseñada únicamente para alcanzar la mayor velocidad posible. El ejecutivo introduce RedCap y eRedCap como alternativas ajustadas a equipos que priorizan eficiencia.

“Por eso tecnologías como RedCap y, más adelante, eRedCap son relevantes: permiten llevar 5G a dispositivos que no necesitan la máxima velocidad, sino una conectividad más eficiente en consumo, tamaño y costo”.

El dilema de la batería activa: Un dispositivo eRedCap tarda más tiempo en transmitir un archivo pesado porque está limitado a 10 Mbps. Por ejemplo, mandar una actualización de firmware de 2 MB le tomará 1.6 segundos activos de radiofrecuencia, mientras que un módem RedCap lo despacha en 0.11 segundos. Por ello, eRedCap solo ahorra batería real si se usa para ráfagas pequeñas de datos (menores a 10 kB).

Requisitos de red: Ambos dispositivos dependen de que el operador móvil haya activado la infraestructura 5G Standalone (5G SA) y habilitado por software el soporte para RedCap en las estaciones base (gNB).

El smartphone seguirá coordinando smartglasses y wearables ante sus límites físicos

Las restricciones de un wearable obligan a decidir qué nivel de conectividad necesita realmente cada experiencia, puesto que replicar en unas smartglasses el rendimiento máximo de un smartphone añadiría requisitos de procesamiento, radio y energía incompatibles con un formato liviano, transformando la velocidad en una variable más dentro de un balance en el que también intervienen la autonomía, la comodidad y el precio final.

“El compromiso central es que más velocidad normalmente exige más ancho de banda, más procesamiento, más antenas y más consumo de energía. Eso es viable en smartphones premium o CPEs, pero no en dispositivos pequeños”.

En un equipo pequeño como unas smartglasses, esos requisitos compiten por el mismo espacio y presupuesto energético, motivo por el cual Bernardocki resume la decisión de diseño en cuatro variables que deben resolverse en conjunto.

“En wearables y smartglasses, el fabricante debe balancear cuatro cosas: experiencia útil para el usuario, autonomía aceptable, diseño cómodo y costo viable. RedCap/eRedCap reducen capacidad pico, complejidad y requisitos de radio para ganar en batería, tamaño y precio; en el caso de eRedCap, la meta declarada es acercarse al precio de un módulo LTE Cat-1 bis, del orden de pocos dólares”.

Dicho de otro modo, el vocero planteó que no tiene sentido instalar el motor de un camión de carga en una motocicleta urbana. Si unas smartglasses solo necesitan procesar datos ligeros como comandos de voz o texto, exigirles la misma potencia de conexión que a un smartphone premium solo logrará agotar su batería en minutos, disparar su precio y hacerlas demasiado pesadas para usarlas de forma cómoda en la cara.

Reducir la capacidad máxima no se presenta, por tanto, como una carencia aislada, ya que el criterio es asignar a cada formato el nivel de conectividad que necesita para sostener su función.

“En la práctica, el éxito no estará en ofrecer la máxima velocidad en cada dispositivo, sino en elegir la conectividad adecuada para cada experiencia”.

Ese compromiso explica por qué una mayor autonomía funcional no desplazará al smartphone, ya que mientras smartglasses y wearables mantengan límites de batería y procesamiento, el teléfono seguirá centralizando la conectividad en una transición que distribuye funciones pero posterga la independencia celular hasta la madurez del hardware y las redes..

“En el corto y mediano plazo, el smartphone seguirá siendo el centro del ecosistema personal. Lo más probable es una arquitectura de varios dispositivos, donde el smartphone actúa como pantalla principal, nodo de autenticación, conectividad, procesamiento y coordinación para wearables, smartglasses y accesorios”.

Comunicaciones colaborativas multidispositivo, cómputo distribuido e IA | Créditos: Ericsson.

Arquitectura multidispositivo y distribución de carga

Esa organización ya puede observarse en el vínculo entre el teléfono y algunos accesorios, por lo que el vocero explica que la independencia celular de otros formatos llegará después y no equivale por ahora a sustituir el smartphone.

“De hecho, hoy las gafas AR ya se despliegan ancladas de forma inalámbrica a un smartphone 5G, y la evolución hacia gafas celulares autónomas es posterior. Con el tiempo veremos más funciones distribuidas entre dispositivo, nube y red, pero no como un reemplazo inmediato del smartphone”.

La distribución de funciones entre dispositivo, nube y red será progresiva, motivo por el cual para el representante de Ericsson cada etapa depende de la madurez conjunta del hardware, las baterías, los módems y 5G SA.

“[…] Se ve una transición gradual: primero experiencias complementarias alrededor del teléfono; después dispositivos más autónomos cuando el hardware, las baterías, los módems eficientes y las redes 5G SA estén más maduros”.

Infografía sobre 5G RedCAP y 5G eRedCAP. | Creado con Gemini Notebook

RedCap y eRedCap adaptan 5G al tamaño, consumo y costo de los wearables

Si el teléfono conserva las tareas de mayor capacidad, los accesorios no necesitan replicar las prestaciones de un módem 5G completo. Así entran en juego RedCap y eRedCap, tecnologías que reducen la velocidad y la complejidad técnica para disminuir el consumo, el tamaño y los costos. La diferencia radica en su enfoque: mientras RedCap apunta a equipos de capacidad intermedia, eRedCap busca democratizar el 5G en dispositivos más básicos que hoy operan con módulos LTE económicos.

“RedCap y eRedCap cumplen el papel de 5G más eficiente. No todos los dispositivos necesitan cientos de Mbps; muchos necesitan cobertura, eficiencia energética, menor costo y conectividad confiable”.

Con ese criterio, RedCap se ubica en un nivel intermedio de capacidad y complejidad, por lo que el director pasa de esa función general a los tipos de equipos y componentes en los que ya está presente.

“RedCap apunta a dispositivos intermedios como wearables, cámaras, routers compactos, sensores avanzados y algunos equipos industriales; ya está soportado por la mayoría de los fabricantes de chipsets y módulos, y ya emergió el primer smartwatch con esta tecnología”.

Infografía sobre los fundamentos técnicos, optimización de hardware, eficiencia energética y casos de uso del estándar 5G RedCap (Release 17). | Creada con Gemini Notebook.

eRedCap profundiza la reducción de costo y complejidad, con un calendario más tardío. Bernardocki lo relaciona con dispositivos que requieren velocidades menores, pero necesitan integrarse a redes 5G.

eRedCap lleva esa lógica más abajo en costo y complejidad, acercándose al espacio de LTE Cat-1/Cat-1 bis, con velocidades más bajas pero suficientes para muchos casos de uso; sus pruebas de laboratorio comienzan este año y su potencial comercial pleno se espera desde 2028. Para el consumidor, esto puede viabilizar relojes, gafas, sensores personales y dispositivos conectados que se integren a 5G sin el consumo, tamaño y costo de un módem 5G completo”.

Dicho en otras palabras, el estándar eRedCap viene a solucionar un problema físico y económico. En la actualidad, dotar de 5G a unas gafas o un reloj implica integrar componentes grandes, caros y que devoran la batería. Con esta tecnología, que llegará a las calles recién hacia 2028, los fabricantes podrán lanzar accesorios 100% independientes del teléfono celular. Al limitar la velocidad a lo que el equipo realmente necesita (como enviar un comando de voz o registrar el ritmo cardíaco), se logra un consumo de energía tan bajo y un chip tan barato como los que usaban los antiguos aparatos 4G.

Infografía sobre los fundamentos técnicos, mecanismos de reducción de complejidad en hardware y enfoque en IoT masivo del estándar 5G eRedCap (Release 18). | Creada con Gemini Notebook.

De las demostraciones técnicas a la adopción masiva

Tener el hardware y las redes listas no basta para masificar un accesorio, motivo por el cual el ejecutivo evita proyectar fechas exactas y advierte que la verdadera adopción llegará cuando estos equipos abandonen las demostraciones controladas para sobrevivir al desgaste de una jornada real.

“La señal concreta será cuando el usuario deje de notar la tecnología y simplemente use la experiencia todos los días: gafas o wearables con batería de jornada completa, precio accesible, conectividad confiable y casos de uso claros”.

Esa condición depende tanto del producto como de la infraestructura que lo sostiene, por lo que el ejecutivo señala que la adopción cotidiana con la expansión de 5G SA, mid-band y conectividad diferenciada.

“Desde la red, la señal será la expansión de 5G SA, mid-band y conectividad diferenciada; hoy hay más de 100 redes SA y se espera superar las 200 hacia 2028. Desde el dispositivo, será la llegada de productos que combinen IA útil, autonomía y conectividad eficiente”.

Más allá de los hitos técnicos en infraestructura y hardware, el ejecutivo traslada el análisis al consumidor final, concluyendo que el verdadero punto de inflexión llegará cuando estos accesorios abandonen las salas de exhibición para enfrentarse con éxito al desgaste del uso diario.

“La promesa se convierte en realidad cuando la experiencia deja de depender de demos controlados y funciona de manera consistente en la vida cotidiana”.

Ivan

Editor especializado en ciencia y tecnología, con foco en innovación, inteligencia artificial, telecomunicaciones y centros de datos. Trabajo con un enfoque riguroso y técnico, desarrollando contenidos sobre semiconductores, energía, ciberseguridad e infraestructura tecnológica.

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