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¿Hasta qué grado afecta a la persona el uso (y abuso) del smartphone?

Es un hecho, lo vemos de hecho; es una realidad, es parte de la sociedad. El uso — y abuso — del smartphone se ha vuelto algo sumamente común en la comunidad, y esto se da desde hace un tiempo ya. No es raro andar por la calle y visualizar a personas con la cabeza agachada, la mirada centrada y la atención focalizada en un aparato tan pequeño en relación con el medio al que lo rodea.

En base a esto, sea tanto por el pasado, como por el presente y — en especial — por el futuro; en Pisapaleles nos hemos dispuesto a analizar la situación desde un punto de vista particular. Queremos reflexionar sobre este escenario teniendo la visión de profesionales abocados a la salud.

Es por ello que decidimos consultar a diversos profesionales relacionados a este campo. Para ser más precisos, decidimos entrevistar a un doctor en medicina en general, una psicóloga, una psicopedagoga y a un psiquiatra.

Nuestra intención es reflejar diversas aristas de la implementación de los móviles en la sociedad, sus causas-consecuencias: los problemas que puedan dar, las ventajas a otorgar, las dificultades a presentar, las soluciones a brindar y la concientización a considerar sea tanto para nosotros mismos como para los demás.

Dicho todo esto y habiéndote planteado la introducción de este artículo, pasemos a la siguiente fase. Para ello, comenzaremos desde el principio. Te dejaremos con las entrevistas realizadas y luego pasaremos al apartado de las conclusiones, en donde no necesariamente se quiere indicar al tema como acabado, sino que puede tomarse como el puntapié inicial para un debate, reflexión y análisis para dar continuidad al mensaje de esta misma nota.

Medicina general, perspectiva general

Dr. Marcelo Musso.

Nuestra primera entrevista fue realizada al Dr. Marcelo Musso, quien se dedica y especializa en la Medicina General. Su número de Matrícula Profesional (MP) es 24879/8.

Con el Dr. Musso tratamos problemas y trastornos en general desde el punto de vista físico, sea tanto externo como — principalmente — interno. Además, estuvimos conversando sobre su consideración de la implementación del teléfono celular en la comunidad.

El estar sedentario y dependiente de forma exclusiva a un teléfono celular, ¿Qué consecuencias puede generar en una persona a futuro?

El sedentarismo en sí por estar todo el día con una pantalla en la mano y el tener poca actividad. Primero porque si uno está todo el día con una pantalla en la mano y cruza la calle te puede chocar un auto, lo cual está pasando, y está sucediendo cada vez más. Incluso están los que manejan la moto con la pantalla en la mano.

El sedentarismo aumenta la obesidad y las lesiones musculares. Al no hacer nunca actividad, después te puedes hacer un desgarro muscular por levantarte de la cama rápido, si es que estás muy sedentario.

Al haber más obesidad, aumenta el colesterol, el cual es un factor de riesgo cardíaco.

Y lo otro tiene que ver con la vista. Una pantalla mirada desde cerca durante mucho tiempo también provoca un desgaste e irritación, la vista no está hecho para eso.

Sin embargo, las tecnológicas todo el día andan anunciando y promocionando un avance en cuanto a la tecnología de las pantallas, sea tanto en calidad de imagen como en beneficio de la vista. ¿Se puede tener un problema en la visión a pesar de las evoluciones?

Hace diez años, uno miraba una hora en la computadora y le empezaba picar los ojos y doler la cabeza, eso fue mejorando muchísimo. Pero, de todas formas hay personas que son más susceptibles. Seguro que quienes usamos lentes tenemos una capa logrando un comportamiento diferente de quienes no los usan.

Entonces, retomando, sí hubo avances, pero también puede haber inconvenientes igual.

Con respecto a las manos y dedos… ¿Pueden generar una lesión al estar con el teléfono todo el día en la palma?

El chiste dice que ‘quién no tenga pulgares va a ser analfabeto porque no va a poder interactuar con el teléfono’. Pero la cuestión es la siguiente, la artrosis de los trabajadores manuales de forma tradicional era la artrosis del dedo gordo, llamada la primera articulación interfalángica del pulgar. Eso era por hacer trabajos en los cuales uno utilizaba el dedo para prensar y hacer fuerza.

No obstante, con los móviles va a pasar lo mismo pero va a cambiar la causa. Como antes este proceso era para alguien que levantaba algo con la mano, como un albañil al agarrar una cuchara pesada, ahora va a ser problema de los ‘tuiteros’.

En cuanto a la espalda y, sobre todo, el cuello, ¿Qué tanto puede afectar? ¿Existe algún nombre específico para las enfermedades que esto trae en esas zonas?

Cuando la columna se dobla para adelante se llama cifosis, sería la joroba formada. La posición de manejar el celular es una posición cifótica.

Además, está utilizando las últimas vértebras cervicales y las exige y presiona más, lo cual hace una fatiga de material mayor. Es más probable que desarrolle a largo plazo una artrosis en la zona de las cervicales inferiores.

¿Cuánto considera usted el tiempo óptimo por día para estar con el teléfono?

Es una herramienta tecnológica importante para la comunicación, sin embargo, no tiene sentido cuando uno la sobreutiliza; no en cantidad de tiempo, sino en más tiempo del cual uno realmente la necesita.

A lo mejor alguien que trabaja en la Bolsa la necesita 7 a 8 horas diarias. Pero, por ejemplo, yo la necesito para derivar un paciente y por si mi familia necesita algo, con dos horas por día sería suficiente para mí.

De todas formas, sí me parece importante la compensación. Si me dices que uno trabaja 8 horas con pantalla pero después hace una hora de relajación y otra hora más de actividad física, yo te aseguro que a esa persona esas ocho horas le van a joder menos que aquel que no hace nada para contrarrestarlo.

Por ejemplo, yo salgo todos los días a correr una hora. Entonces, a mis pacientes les digo ‘tú que estás todo el día haciendo fuerza en tu trabajo diario, a la noche deberías leer por una hora’, es una forma de contrapesar lo que uno desarrolla más con lo menos. La idea es hacer algo diferente a la rutina.

En ciertas ocasiones se pueden leer artículos sobre las ondas que transmiten tanto los teléfonos celulares como las antenas de las operadoras. ¿Realmente son ondas peligrosas? ¿Ocasionan — o pueden ocasionar — alguna consecuencia en una persona?

Yo he leído bastante del tema porque fui Secretario de Salud y acá (en Devoto, Córdoba, Argentina) hay antenas, leí por un revuelo armado en la zona sobre esto.

Se supone que todas las ondas electromagnéticas a algún cerebro ‘muy susceptible’ le podría aumentar levemente la posibilidad de originar un tumor cerebral. O sea, a algunas personas ‘muy susceptibles’ el estar mucho tiempo con este tipo de ondas le podría aumentar, levemente, la posibilidad de tener un tumor cerebral… y hasta ahí llegó la estadística.

La cuestión es que no sabemos quiénes son esas personas ‘muy susceptibles’ para “sacarlas” debajo de la antena o advertirle de no colocarse el celular muy cerca de la cara más de dos horas por día.

De todas formas, si es algo que no me hace bien y no sé si me hace mal, lo uso el tiempo necesario y el restante no lo utilizo.

¿Tiene alguna apreciación, consejo, opinión o consideración que considera relevante para la sociedad en general en cuanto al uso de un móvil?

Sí, yo creo que el teléfono es una herramienta, como dije antes. Sirve para trabajar, para divertirse, útil para la cultura porque uno puede leer, por ejemplo. Siempre que sea utilizada como herramienta, o sea, un medio para algo, está bien.

No obstante, por un lado cuando se transforma en un fin, por ejemplo: ‘yo vivo para comprarme el iPhone 7’, y pago un teléfono lo que me costaría una cuarta parte de un auto (por decir), me parece que ahí es contraproducente.

Y por el otro lado, a mí me parece que el uso va en cuanto a la necesidad; uno mismo se tiene que autorregular y decirse ‘lo necesito dos horas por día y lo utilizo para esparcirme una o dos horas más’ y después hago otra cosa/actividad.

Si eres un adulto, no te lo deben decir tus padres, y si tú eres un padre de familia, tú mismo debes hacerlo con tus hijos. En mi casa tengo uno de mis hijos fanático de los videos de YouTube, entonces lo limito a una hora por día con eso y luego a hacer otra cosa, levántate y sal a ‘por ahí’. Me parece que por ese lado va la cuestión.

Querido smartphone, mi psicóloga me dijo que el problema no eres tú, soy yo

María Fernanda Piatti, psicóloga.

Ahora llega el turno de pasar a la entrevista realizada a la Sra. María Fernanda Piatti. Ella es psicóloga y cuenta con su Matrícula Profesional (MP) N° 2943.

Con la Sra. Piatti tratamos los problemas enlazados a la atención, expresión, capacidad y relación generados en base a la presencia e intromisión del smartphone en las personas.

Vemos muchas noticias sobre gente que se distrae de forma atencional por tener el teléfono en la mano, como por ejemplo cuando van caminando o manejando. ¿Qué explicación existe — en caso de haberla — para que una persona se focalice en un aparato con pantalla y dimensiones pequeñas, y no en el entorno en el cual está en un tiempo y espacio determinado?

En realidad yo creo que la fabricadora de este producto realizó una lectura y un estudio importante del consumidor. Esto llega en un momento en el cual el consumidor, nosotros, estamos faltos de comunicación. El problema de la comunicación cara a cara y personalmente ha sido siempre un problema, eso se ve en las consultas.

Entonces, la creación de un teléfono que tenga no sólo la posibilidad de comunicarte para llamar y hablar, sino la comunicación vía escrita, sea por WhatsApp o Facebook, en donde uno tiene todo ahí, sea personal o hasta cosas del trabajo, logró captar la atención del consumidor.

Es decir, es un estudio que el fabricante realizó. Pero, después el hecho de que nosotros lo usemos en los momentos determinados para tal fin y no para otro, ya depende (justamente) de nosotros.

O sea, no es que haya una explicación psicológica. En realidad, la empresa vende y ofrece lo que nosotros necesitamos.

También solemos ver — sobre todo en los jóvenes — una capacidad de lectura disminuida, ¿Por qué cuando leen un mensaje de WhatsApp lo hacen bien y rápido, pero no lo pueden aplicar a un libro en edición impresa?

Vuelvo a lo mismo, somos todos partes responsables de una misma cuestión. La tecnología nos habilita para acceder de manera inmediata a la búsqueda de las cosas.

Aquí te voy a hablar más como madre que como psicóloga. Por ejemplo, tienes un hijo que va al colegio. De repente llega para hacer la tarea y tú no le vas a ayudar yendo al diccionario o a buscar a tal libro. Cuando te preguntan ‘qué quiere decir tal palabra’, yo le digo ‘búscala en internet’. De ahí, se pueden analizar todas las formas y charlarlo.

La posibilidad de acceder a internet, sea desde un smartphone o desde una computadora, te permite acceder a la información de manera inmediata, ese es el uso que uno le puede aplicar.

Yo, hoy por hoy, diferente a cuando era niña, me decían que buscara un término en un diccionario y ahora ya no lo uso más al mismo.

Pero sí, yo leo libros (impresos) y mis hijos me ven haciéndolo. No obstante, si ellos quieren leer no lo van a hacer desde un libro, lo van a leer en internet.

Mi hijo mayor es muy autodidacta y si de repente se interesa por uno u otro motivo no lo va a buscar en un libro o una enciclopedia, lo busca en la red.

Volviendo a tu pregunta, considerando que en la escuela o en la casa uno usa esa tecnología para buscar la información de manera más inmediata, sumado a los tiempos acortados por el trabajo, ésta nos ofrece una respuesta instantánea. Entonces, uno accede a ese sistema.

WhatsApp es otra forma de comunicación y no es lo mismo que Facebook, te permite hasta hacer consultas telefónicas. Al día de hoy, está comprobado que los pacientes consultan por WhatsApp.

Yo que soy profesional, muchas veces para no tomar una consulta presencial y por si alguien quisiera consultar o contarme algo por WhatsApp, les digo a mis pacientes que me envíen un audio y yo cuando pueda lo contesto.

En pediatría, por ejemplo, la mayor cantidad de consultas es por este medio. Y esto es así porque nosotros mismos lo generamos, porque a veces para que el paciente no venga o no destine un tiempo de espera por unos resultados de análisis para verlos y recetar ‘X’ antibiótico, se hace todo vía WhatsApp.

Todo eso está hecho para facilitar. La cuestión es que nosotros somos responsables del uso. También es cierto que a la hora de almorzar/cenar en una familia todos los integrantes sacan el celular, desde la abuela hasta el nieto.

En una familia, y la sociedad en general, hay personas adultas que son arcaicos (por así decirlo) y no saben utilizar las nuevas tecnologías, u otras a las cuales les cuesta mucho aprender a utilizarlas y, en contraposición, vemos a los niños que la usan con suma facilidad y frecuencia. En base a este planteamiento, ¿Cómo integrar a todas esas personas entre sí?

Es una cuestión polarizada, es un aprendizaje. Acá el tema es que hay gente que es ‘atecnológica’, hay quienes no quieren y se niegan a acceder. Yo creo que esas personas que se niegan rotundamente es porque tienen miedo de cómo usarlo [al móvil].

Hay quienes tienen miedo de ir hasta un cajero (automático del banco). Pero el miedo radica en el hecho de no querer aprender y tener miedo a equivocarse, cometer un error y/o no saber con la frustración que ello conlleva.

Cuando la gente accede y se anima, y entiende y ve los beneficios otorgados, son seducidos y empiezan a acceder; se compran un celular más nuevo, van al cajero y demás acciones. Lo concreto es lo siguiente: siempre es uno quien tiene que saber usar esa tecnología.

En el caso de una familia, los chicos aprenden de los hábitos que los padres generamos. Si uno está todo el tiempo con el móvil en la mano, los chicos también lo van a hacer; si tú estás mirando la PC en horarios que son para compartir con los demás, los pequeños lo van a reproducir.

Algo que se trata de instar e instalar es que, por ejemplo, en los horarios de almuerzo/cena no haya tele prendida y mucho menos un celular. No se justifica, el teléfono se debe dejar en otro lugar de la casa. Y en ese tiempo, sea de media hora o diferente, se comparte con el papá, la mamá y demás integrantes. Que haya silencio y/o conversación. Si se aplica ese hábito, los chicos lo pueden respetar e imitar.

Pero si un padre, para que el niño no moleste y se entretenga, le prende la TV a su hijo o le da el celular, lo debe hacer por tiempo limitado y luego uno mismo como madre/padre se debe hacer cargo. La responsabilidad siempre está en nosotros, en usar la tecnología en los momentos adecuados y para fines determinados.

El estar centrado en un teléfono y comunicarse únicamente por esa vía, ¿Realmente es comunicación entre las personas?

Sí. Quizás hay más comunicación de una madre a un hijo, pero hay quienes se animan a decir más por escrito que verbalmente, como un ‘te amo’ o un ‘te quiero’ y gracias a estos medios eso se facilita.

No obstante, a veces uno llega a una situación o un lugar en donde automáticamente saca el celular como un mecanismo de defensa para ponerse a mirar cosas y no sentirse incómodo, o para no estar en una situación de vacío/silencio que genera cierto peso.

¿Tuvo algún caso de nomofobia o de alguna otra enfermedad derivada por el uso incontenido de un móvil?

De nomofobia no, pero sí te puedo decir algo. El acceso inmediato a la información influyen en los trastornos de ansiedad. Aquel que es ansioso, que no sabe esperar y tiene frustración con facilidad, se potencia con estas cosas.

Yo comparo con gente que he atendido de otros lugares, en donde la conexión tiene mayor disponibilidad y mucha más velocidad. Al llegar a otro lugar, se tienen que adaptar a otras formas y tecnologías más lentas, y es algo que lo padecen y lo sufren.

En los consultorios de psiquiatría y de psicología se observa esta demanda que se nota más en los chicos. Se acortó la tolerancia a la frustración, la gente no tolera la espera.

Para finalizar, ¿Qué recomendaciones u observaciones tiene para dar a la sociedad en general sobre el uso de los smartphones?

Básicamente, la dosificación de la tecnología. Usarla en el momento apropiado, para lo apropiado. Lo cual, en un celular, a día de hoy pueden ser llamadas, mensajes de texto, WhatsApp y ver Facebook, entre otras cosas.

La responsabilidad y utilización está en uno. Si tú tienes amigos y/o familia, no lo utilices en el horario de las juntas.

Antes de entrar a la casa o estar con la familia, chequear de no tener una llamada perdida o e-mail que revisar, así para cuando me siento con el resto el móvil queda en el bolsillo/cartera o en algún otro lugar alejado. Si te reúnes con tus amigos, el celular debe estar guardado para tratar de fomentar la conversación.

También incorporar el hábito de no usar el teléfono cuando uno mismo maneja.

¿El smartphone es más grande que nuestro entorno?

Osvaldo Rubiolo, psiquiatra.

El Sr. Osvaldo Rubiolo es Médico Psiquiatra y cuenta con su Matrícula Profesional (MP) N° 13311. Con el mismo hemos tratado los trastornos y/o consecuencias que puede llevar el uso indebido de los teléfonos móviles en las personas.

¿Existe alguna explicación desde el punto de vista de la ciencia o medicina que señale el motivo de la ansiedad en los teléfonos celulares en la actualidad?

Sí, hay una explicación en la cual, de alguna manera, la ansiedad ,en este caso, está representada por la curiosidad. O sea, genera este ímpetu/impulso para saber quién me escribe, cómo me escribe y por qué me escribe. De alguna manera, el dejar de lado otros juegos más importantes en donde eran grupales y comunitarios, la situación pasó a ser una especie de puente de diálogo mediante el teléfono.

Entonces, cada vez que (el celular) suena, hay que contestar. Se está alerta a ese juego y diálogo del teléfono.

¿Cómo puede influir en las horas del sueño en una persona? ¿Qué tanto puede llegar a reducirlas o aumentarlas?

Todo depende de la cantidad que se utilice el teléfono y cómo se utilice. Si el móvil se utiliza para comunicarse solamente, lo que es sumamente necesario, no tiene ningún tipo de influencia negativa.

Ahora, en los jóvenes que lo usan tanto para mirar películas o para jugar hasta altas horas de la noche, ahí le van a trastornar el ritmo del sueño porque se acuestan más tarde; porque ahora con un teléfono se pueden comunicar e interactuar con otras personas, entonces ya no se fijan en el horario sino que tienen que ver si ganan o pierden en el juego, o ver una película o serie y así se les va el horario interfiriendo en el ritmo del sueño.

La adicción a un teléfono celular, ¿Puede modificar la conducta de una persona?

Totalmente. La palabra justa que tú has dicho es ‘adicción’, pues hay una adicción a la tecnología de la que hay varios autores — entre ellos argentinos — que han escrito sobre eso, en donde la persona está totalmente pendiente del teléfono y le genera una situación de aislamiento, de encimamiento, es decir, meterse para adentro y que no le interesa ni siquiera la familia porque lo lleva (al móvil) hasta la mesa a la hora del almuerzo o cena. Hablan los demás integrantes de la familia y no les da importancia, se junta con amigos y sigue con el aparato en mano, o va a estudiar a un colegio y sigue con el teléfono… claro que cambia la conducta, pero la cambia para mal; la modifica para, como dije antes, meterse para adentro.

Yo creo que la tecnología en algo informa, pero en la mayoría de los casos desinforma. Esto es así porque está todo ya tabulado, cómo debe ser y, de alguna manera, no da lugar a lo que sí da la lectura que es la creatividad. Las respuestas otorgadas por la tecnología son breves y muy concisas y no dan lugar a la creatividad.

Los trastornos de la telefonía móvil, ¿Pueden afectar de forma diferente a un niño con respecto a un joven y/o a un adulto?

El adulto como ya tiene una capacidad productiva y se ha formado de otra manera no pierde la creatividad totalmente, pero sí la disminuye. En los chicos, los trastornos cognitivos son más frecuentes. Por eso vemos cada vez más que los niños que no usan tecnología son muchos más creativos.

Sino por qué, ante esta dificultad, determinadas empresas de la tecnología buscan personas fuera de los Estados Unidos para que trabajen; simplemente porque son mucho más creativos, están menos envasados y menos encapsulados que los habitantes de su propio país.

Podemos dar como ejemplo a las personas de Cuba, de Ucrania, de Rumania y hasta de la India. Hay muchas organizaciones que tienen sus sucursales (filiales) en la India.

¿Qué otros trastornos pueden ocasionar los smartphones en la sociedad?

Hasta ahora el nombre que se le ha dado es ‘Adicción a la Tecnología’ y se está estudiando mucho. Se está evaluando cómo sacar a alguien de esa adicción porque ya se la considera como una adicción como tal para aquellas personas que pasan más de 6 (seis) horas del día sujetas al teléfono.

El hecho de interactuar mucho con Facebook y ciertas redes sociales, ¿Puede ocasionar que una persona asimile esa realidad virtual con la realidad física? ¿Puede llegar a darle suma prioridad a la virtual, incluso sobre la otra?

Muchas veces sí porque de alguna manera la parte virtual es como el mundo irreal, el mundo que desearíamos tener. Entonces, como la realidad (física) es muy dura y muy difícil, nos escapamos a través de esa realidad virtual donde casi conseguimos de todo.

Conseguimos comprar cosas si tenemos dinero, conseguimos una mujer si entramos a determinada página, conseguimos decir cosas, expresar sentimos como agredir o seducir… y así nos armamos nuestro propio mundo y nos alejamos demasiado de la verdadera realidad. Se generan como dos mundos paralelos, pero el virtual nunca va a poder sustituir al real [al físico, al entorno], eso jamás.

Qué cree que sería lo mejor e ideal para evitar esta dependencia, ¿Eliminar completamente los celulares en la sociedad? ¿O se podría llegar a un equilibrio entre el tiempo en que se usa el teléfono y el restante para estar sin el mismo encima?

Yo creo que se puede llegar a un buen equilibrio sabiendo para qué lo uso, es decir, lo uso para comunicarme: para el trabajo, para comunicarme con mi familia… o sea, realmente para cosas que son necesarias.

El teléfono ya está, ya lo tengo, no se puede suprimir; la cuestión es ‘¿Cómo lo uso?, ¿Para qué lo uso?’, eso es lo más importante a considerar.

Para cerrar la entrevista, ¿Usted tiene alguna recomendación, comentario o consejo para dar sobre el uso de un aparato tecnológico como los celulares en la sociedad en general?

Lo que dije anteriormente. La telefonía tiene que estar limitada, tiene que estar bien utilizada, tiene que ser un medio de comunicación y un medio de diálogo sano, verdadero y directo, y limitado, fundamentalmente esto último, limitado. No usarlo para otras cosas.

¿Cómo influye el teléfono en el núcleo social? La psicopedagogía nos otorga unas interesantes respuestas

María Soledad Gaitán, psicopedagoga.

Pasamos a la última consulta. María Soledad Gaitán es Psicopedagoga y cuenta con su Matrícula Profesional (MP) P-14-2047.

Con la señorita Gaitán he tenido — sin duda alguna — una de las entrevistas más entretenidas e interesantes. Con ella hemos tratado el efecto de la telefonía móvil causado en el afecto desde el punto de vista de la socialización y aprendizaje de un ser humano.

El estar todo el día relacionándose con otros sujetos a través de la pantalla del teléfono, ¿Es teórica y realmente un caso de relación personal? ¿No genera una aislación el depender de un display tan pequeño obviando el resto de su entorno y la presencia física de las otras personas?

Primero, para hacer referencia a esa pregunta, tenemos que situarnos. Estamos en un tiempo socio-histórico diferente donde la globalización hizo que generemos muchísimos cambios, hasta en la comunicación.

En función de un libro leído — “La comunicación integral” de Juan Antonio López Benedí — debemos situarnos en la realidad histórica y considerar que estos cambios nos atraviesan como sociedad y como seres humanos.

Nosotros venimos con un modo que, si no era ‘face-to-face’ [frente-a-frente o cara-a-cara], no había comunicación. Después pasamos a la línea telefónica, en donde está bien al decir ‘por línea’, y en donde la comunicación se amplió y se acercaron los tiempos y espacios de estar comunicados. Y nos vamos hasta la llegada de los correos y, luego, las redes sociales… y con ello tenemos todo el tiempo el teléfono.

Desde mi punto de vista, puedo observar que esto tiene dos variantes, una positiva y una negativa. Sin ser tajante, según el uso o abuso que se haga de ello [del celular] se va a tener una consecuencia.

Por un lado, el estar comunicados con el otro es una necesidad social, la turbulencia en la vida misma hace que necesitemos saber del otro. Pero también se está perdiendo el objetivo, el de la comunicación en sí, hasta el límite de llegar a estar conectados para ocupar nuestro tiempo.

Entonces, ¿Uno está conectado y comunicado?

Se está pseudocomunicado. Conectados sí, lo que no quiere decir que sea una conexión completa. Es una conexión en el aquí y ahora, tipo ‘zapping‘.

Tanto nos fue absorbiendo este tipo de comunicación que hoy se usa más el texto, tipo WhatsApp o las redes sociales, que el face-to-face. Cuando estoy frente a otro no sé de qué hablar, ni cómo hablar ni cómo expresarme. Eso es una decadencia en cuanto a la comunicación.

Hoy en día se escucha la típica frase de que los niños manejan los teléfonos con mucha facilidad y son muy rápidos en ello. ¿Esto quiere decir que su capacidad de aprendizaje autodidacta es buena? ¿O por qué incorporan su uso con suma facilidad y rapidez? Además…  ¿Qué tanto puede afectar en cuanto a la capacidad cognitiva y de razonamiento de una persona el uso excesivo de los smartphones?

La respuesta está implícita a la pregunta anterior. Si nosotros nos situamos en esta era digital, los adultos nos podemos visualizar como analfabetos digitales.

Los niños ya ingresan a este mundo digitalizado, entonces su manera de comunicarse es a través del celular, de la pantalla y demás aspectos de la tecnología. Esto hace que sus habilidades en lo tecnológico sean mayores que las nuestras [los adultos].

Antes, nosotros veníamos con los aprendizajes de jugar con un sonajero y esos juegos, pero hoy los niños automáticamente tienen la pantalla. Entonces, lo tienen incorporado como si fuera innato, aunque no lo es; es decir, es adquirido, pero apenas ven el mundo social aquellos son los elementos que ellos tienen para jugar y manejarse.

A nivel cognitivo también tenemos una cuestión favorable y una desfavorable. La primera es una estimulación cognitiva que le permite a los pequeños acceder a los aprendizajes desde otro lugar. Por ejemplo, un niño de 2/3 años al que la madre le quiera poner un medio digital le puede colocar canciones y a través de ellas el chico va a ir interactuando con el dibujo representado en la pantalla del smartphone y hasta puede empezar a repetir las palabras de la canción y así va acompañanando a su vocabulario. Por otro lado, hay programas que muestran colores, formas y tamaños que ayudan a la posterior escolaridad.

Aunque también podemos caer en otra situación problemática, la sobreestimulación de las redes y los medios de comunicación. Generan en el niño un desborde de información cuando éste no tiene la capacidad cognitiva por su edad cronológica de poder procesarla.

Los chicos en la edad infantil tienen un nivel de pensamiento denominado CONCRETO. El mismo consiste en que ‘esto’ es una mesa y debes mostrarle/indicarle una mesa en ese momento. Luego, a medida que pasa el tiempo, van incorporando esos aprendizajes concretos y si uno les dice ‘mesa’, ellos pueden representar en su pensamiento una mesa redonda, cuadrada o rectangular. Pero, mientras son chicos, para ellos la mesa es lo que les estoy mostrando.

Entonces, cuando tienen tanta estimulación externa por medio de los medios masivos de comunicación, y sobre todo internet, no pueden organizar ese exceso de carga en su sistema nervioso central. Esa sobreestimulación requiere más acción, es una excitación externa.

Después tenemos la siguiente paradoja, cuando ellos van a la escuela tienen otro modo totalmente contrapuesto al que estaban habituados. Deben estar en un tiempo y espacio concreto, no moverse de ese lugar, esperar a que el profesor borre en la pizarra y ellos copien… es algo completamente lento en comparación a la estimulación con la cual estaban acostumbrados.

Y así es como hoy tenemos la gran pregunta hacia los pequeños: ‘¿Déficit de atención o hiperactividad? ¿O niños con consecuencias de esta nueva era digital?’.

Solemos ver casos en los cuales son los adultos quienes se abusan del uso de un teléfono, e incluso lo hacen delante de los niños pero les dicen que ellos no lo deben usar demasiado, es decir, dicen una cosa pero hacen lo contrario. ¿De qué forma puede afectar esto en la educación sea tanto de los pequeños en particular como de la familia en general? Además, esto de contradecirse a sí mismo con sus actos, ¿Genera respeto y autoridad en los padres/adultos hacia los chicos? ¿Qué conducta pueden manifestar los hijos ante este tipo de situaciones?

Este ‘haz lo que yo digo pero no lo que yo hago’ es desde siempre. Es muy difícil enseñar con el ejemplo, aunque es lo que todos deseamos.

Si alguien como madre dice de no utilizar el móvil, entonces también debe cuidarse a ella misma de no hacerlo para que el niño pueda aprender.

El pequeño, debido a su pensamiento concreto, va a aprender no solamente de lo que se le dice, sino también de las acciones de los adultos. En esta estimulación los más chicos tienen un lenguaje mayor y responden a los padres como no lo hacíamos nosotros años anteriores. Si cuando yo era chica mi madre me hubiera dado la orden de no usar el celular, yo ni osaba de reprocharle. Hoy los niños les responden a sus padres.

Creo que es un tiempo de reflexión sobre todo de los adultos, debemos detenernos a pensar qué decir y qué hacemos.

Nosotros [los psicopedagogos] indicamos que es necesario pasar más tiempo con sus hijos, y los padres recurren a indicar la falta de tiempo por su vida acelerada. Entonces les decimos que si no tienen tiempo en horas, les dediquen calidad de vida y de tiempo. Si es una hora, que esa hora sea exclusivamente con su hijo.

Cuando el pequeño nos dice ‘pero tú lo estás usando’, eso puede ser tomado como una especie de semáforo en rojo y plantearnos a nosotros mismos el detenernos. El adulto puede reflexionar sobre sí mismo, pero no así el niño. El adulto tiene un pensamiento lógico formal, ABSTRACTO.

El padre debe aprender, o mejor dicho reaprender, porque ya sabe y tiene registro de cómo era la comunicación face-to-face. El adulto debe frenar esta vorágine de la información y de estar pseudoconectados constantemente porque en ese caso se está conectado con el afuera y no con el adentro, lo cual genera un vacío y el chico lo percibe y así hace lo propio por su parte. Llena ese vacío con el padre — o la madre — del mismo modo hecho por el otro, o sea, con el celular.

En otras palabras, los adultos debemos ponernos un ‘stop’. Por su parte, el niño al tener un pensamiento concreto, aprende con los hechos.

No solamente debemos indicar a los chicos un límite con los celulares, sino reencontrame conmigo mismo y traer esos elementos de mi infancia que aún están en mí. Enseñarle a aprender jugando desde otro modo y conectarnos en el lenguaje tónico, es decir, con el lenguaje del cuerpo, como ser un abrazo, un mimo, un beso, un ‘te quiero’… Es válido decirlo por el móvil cuando no estamos cara a cara, pero en los momentos en que estamos juntos perdemos la habilidad del lenguaje corporal, gestual, físico y hablado.

Siguiendo con el planteamiento anterior, esa contestación que hacen hoy en día los más chicos, ¿Puede influir en su conducta a futuro? En caso de ser afirmativa la respuesta, ¿De qué forma y hasta qué grado puede serlo?

Evidentemente el niño tiene su primer núcleo de socialización dentro de su núcleo íntimo, dentro de su familia. Lo que uno aprende allí va a ser transmitido a los distintos espacios de socialización que tengamos con el tiempo, como ser la escuela, un club deportivo, los amigos, etc.

Si un adulto le indica de apagar el celular pero éste le responde que él — el adulto — no lo apaga, y así el más grande se engancha en la conversación, éste último se rebaja a la edad mental del hijo. Es una situación constante y el chico lo toma como algo válido y no va a tener y/o entender el límite. Es muy importante hablar de límites y deben ser los padres quienes lo impongan.

La autorreflexión que se haga el adulto le sirve para ponerse un límite. En aquel caso, debe decir “tienes razón, vamos a apagar el móvil los dos” y ahí habría otro tipo de aprendizaje. Incluso, podría admitir su equivocación por decir una cosa pero hacer la otra, aunque aclarar que eso no le da derecho a un pequeño hablarle de determinada manera a los padres. Ahora bien, el adulto también debe enseñar y guiar. Así los niños ven el límite y al salir de su casa tienen otro modo de relacionarse.

Hoy como eso en el común denominador no se da, se está viviendo una frustración y la escasa tolerancia al tiempo del otro. También hay que considerar los conflictos derivados como consecuencia de todo eso, no sólo en los adultos sino en los niños. Hoy lo tenemos en los colegios mediante palabras y términos como bullying, por ejemplo.

Esto tiene que ser un trabajo de autoconciencia porque estamos, de repente, invadidos e inundados por la tecnología y [a los más grandes] no nos da tiempo a adaptarnos. La tecnología nos superó. En esa superación nos mareamos, en ello los cambios sociales produjeron que los roles y valores se cambien, o pseudocambien, porque no deberían ser modificados.

No podemos poner como límite un chirlo o un golpe, es nuestra responsabilidad establecer para ello el poder hablar, el decir e indicar con el ejemplo; eso es un aprendizaje de todos en el hoy. Pero, el consumismo hace que no pueda parar, porque si lo hago yo no le puedo dar lo deseado o solicitado de su parte. Y si no se lo doy, soy un mal padre, no sólo para con mi hijo, sino que además en los demás lugares en donde se relacionan, como en el colegio, uno se encuentra con otros padres que les dan cosas a sus hijos y yo no.

Por último, ¿Tiene usted alguna observación, recomendación y/o comentario para dar sobre el uso de los teléfonos celulares sea tanto para los chicos como para los adultos?

Sí. Primero valorar que la humanidad fue avanzando al punto tal de poder crear herramientas que nos ayudan para mejor la calidad de vida. Esto [el teléfono] no sólo es un medio de comunicación para personas con capacidades diferentes que les facilita el acceso.

En mi consultorio tengo casos con niños con dislexia, la cual es una dificultad específica en la lectoescritura. Siempre van a escribir con errores, pero las nuevas tecnologías brindan un corrector automática y así hay menos exposición al error y mayor afianzamiento de la autoestima, ese es un ejemplo entre tantos otros modos para aplicar la tecnología.

Hay personas que son más para adentro que hacia afuera. A través de estos avances pueden comunicarse con el otro y no así face-to-face porque tienen una inhibición a nivel emocional.

A pesar de todo, sí debemos tener mucho cuidado en que la tecnología no nos maneje la vida. No debemos utilizarlo como el “chupete electrónico”, así se le llamaba antes al televisor. Es decir, hoy en día no podemos darle el teléfono a una nena de 2 años para hacerla parar de llorar.

Es nuestra obligación tomar este elemento tecnológico a nuestro favor, sin embargo, si nosotros observamos una separación entre padres e hijos a causa de ello, eso no es positivo. Tenemos que poder visualizar eso y no paralizarnos ante algo así, porque generalmente ante algo desconocido nos paralizamos, o nos enojamos o reprimimos.

Hay que aprovechar este tiempo que tenemos, vivir el día a día y saber sacar ventaja de nuestro tiempo libre con el otro, con nuestra familia.

Además, poder saber que los niños tienen un pensamiento concreto y ellos aprenden con el ejemplo. Ante este planteamiento, todos los padres van a querer darle amor, y ese amor se demuestra en hechos. Y un hecho fundamental en esto es tener un tiempo y espacio para cada actividad.

No todo está perdido, debemos buscar esas raíces de paz que la tecnología intenta quitarnos y sobrecargarnos. Siempre existe esa trascendencia dentro nuestro indicándonos e incitándonos a buscar nuestro propio bien. Y dentro de esa búsqueda está el convivir bien, el bienestar.

Conclusiones: no hay mal que por bien no venga

Luego de haber visto las perspectivas, experiencias y opiniones de cada uno de los profesionales y expertos consultados, es hora de hacer un cierre general de todo lo plasmado hasta aquí. Es bueno generar un planteamiento en base a las experiencias del presente en comparación con las del pasado para poder apuntalar hacia el futuro.

Para comenzar, lo primero de todo es dejar bien en claro que, como bien dijo el Dr. Osvaldo Rubiolo, el smartphone es un aparato que ya está aquí, entre nosotros.

Para muchas empresas representa un gran negocio dentro del sistema capitalista, es parte del consumismo. A pesar de ello, depende de nosotros saber para qué, cómo, cuándo, cuánto y dónde utilizarlo. Hay que alinear la función y funcionalidad aplicada en estos gadgets, y debemos ser capaces de aplicar una finalidad concreta, específica, justa y justificativa en su implementación y uso.

En otras palabras, es obligación nuestra usar a la tecnología — el teléfono celular, en este caso — y no que ella nos utilice a nosotros.

Otra consideración muy importante y relacionada con todo lo explicado en este apartado de conclusiones, es que los adultos deben/debemos ser los principales responsables de sí mismos sobre el uso aplicado a este tipo de aparatos y, en especial, dar el ejemplo.

No solamente dar una imagen a igualdad y semejanza de nuestros actos a los más pequeños, sino también al resto de personas en las que veamos una implementación abusiva con los móviles — y cualquier otra tecnología — en desmedro de las relaciones personales y los valores primarios y esenciales de la comunicación.

El abuso del teléfono nos reserva. Como bien nos indicaron diversos profesionales de la salud en sus entrevistas, la telefonía móvil nos mete para adentro, nos quedamos encerrados en nosotros mismos por el miedo a expresarnos de forma directa y personal, nos genera temor a la hora de hablar y nos da una falta de comunicación oral y presencial en detrimento de una más informal y a distancia… incluso estando en trecho cercano, como en un bar entre amigos, por ejemplo.

Otra consideración implícita es establecer una regularidad en los más pequeños. Como habrás notado, alguna que otra consulta se relacionaba/reiteraba entre un entrevistado y el otro y si es un detalle no menor. Como se suele decir en ciertas ocasiones, todo se relaciona con todo… o mejor dicho, todo se conecta con todo.

En otras palabras, un aparato tan pequeño no solamente puede influir en la parte sentimental y expresiva de un niño, sino también en su aspecto cognitivo.

Es muy importante generar un estímulo en los niños, pero tiene que estar controlado, y sobre todo variado. La tecnología puede ser una herramienta muy buena e importante en el quehacer diario de todas las personas, y si bien los chicos hoy la manejan con suma facilidad, es imperial generar conciencia de que ésta no los utilice a ellos.

Pasando a otro aspecto, también es muy importante no dar un abuso en estos aparatos por el bien de nuestro propio cuerpo, sea tanto en lo físico como en lo mental.

Si nos quedamos de forma sedentaria y pendiente de ellos, nuestro cuerpo se vuelve frágil, pero no sólo en la parte sentimental, sino más bien en lo físico. Como bien indicó el Dr. Marcelo Musso, la falta de actividad deportiva nos hace endebles.

Además, algo que puede parecer obvio a simple vista aunque igual no siempre se aprecia porque el móvil nos tapa el resto de la visión, es que el ir a un club o realizar deportes con amigos fortalecen las relaciones personales, e incluso interpersonales.

Generamos un bienestar físico y mental con nosotros mismos, y un afianzamiento sentimental hacia y con los demás.

Como última reflexión, queda una recomendación de lo más fácil para decir, una en la cual la famosa frase de menos es más puede aplicarse tranquilamente: usemos menos el móvil, vivamos más el aquí y ahora.

Para finalizar, queremos dejar esto como un capítulo abierto, un lugar en donde el resto se pueda expresar con su opinión y punto de vista, o quizás alguna experiencia o situación vivida que quieran compartir como anécdota. Los invitamos a tomar la posta y dejar sus palabras en la sección de comentarios de este mismo post.

¿Cuál es tu consideración del smartphone en la sociedad? ¿Cómo evalúas su uso? ¿Generas un abuso con él? ¿Para qué lo utilizas? ¿Respetas su función y funcionalidad? ¿Eres consciente del lugar en donde lo utilizas? ¿Te comunicas con tus seres cercanos con el móvil aún teniéndolos en frente? ¿Piensas que podemos hacer algo para revertir este uso que la tecnología hace de nosotros?… Todas esas preguntas e infinidad de consideraciones más son las que queremos saber de tu apreciación sobre el teléfono celular en la comunidad en general y en tu caso en particular.

En nombre del equipo de Pisapapeles.net quiero AGRADECER A TODOS los profesionales por habernos brindado una parte de su tiempo en las entrevistas realizadas para este informe.

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