Fondo 55+ cruza IA, banca digital y ciberseguridad para abordar la autonomía de personas mayores ante servicios automatizados

La brecha digital en personas mayores dejó de concentrarse solo en teléfonos y aplicaciones de mensajería, y hoy apunta a fortalecer su autonomía cotidiana. En entrevista con Tabulado, Francisca Florenzano, gerente de Sostenibilidad y Comunicaciones de Entel, abordó ese cambio desde la inteligencia artificial, los servicios financieros en línea y la prevención de fraudes digitales.
El cierre del Fondo 55+ permite mirar la brecha digital en personas mayores más allá del acceso a un teléfono o a una aplicación. El problema aparece cuando un trámite, una clave bancaria, una red social o un servicio automatizado se transforma en una barrera cotidiana. En 2026, el programa de Entel elevó su financiamiento a $360 millones e incorporó líneas de trabajo en autonomía digital, vínculos comunitarios, empleabilidad, alfabetización financiera y digitalización de MiPymes.
Florenzano explica que la dificultad no siempre está en la tecnología como objeto, sino en la confianza para usarla y en el riesgo de quedar fuera de espacios cotidianos que ya operan en formato digital.
“La gran mayoría de los casos que hemos tenido, nos ha dejado la enseñanza de que las personas mayores en Chile no tienen dificultades con la tecnología en sí, sino con la confianza para usarla, con el aislamiento que la exclusión digital produce, o con la necesidad de mantenerse activos económicamente”.
Esta mirada cambia la forma de entender la alfabetización digital, porque aprender a usar una plataforma deja de ser una capacitación aislada. En la práctica, pasa a ser una condición para comunicarse, trabajar, hacer trámites y sostener redes de apoyo.
La vocera de Entel explica que esa mirada llevó al Fondo 55+ a ordenar su trabajo más allá de la capacitación tecnológica básica, con una estructura que combina autonomía en varios ejes:
“Por eso el Fondo 55+ trabaja cinco ejes simultáneos: autonomía digital, vínculos comunitarios, empleabilidad, alfabetización financiera y digitalización de MiPymes. En Chile cada vez vivimos más años y la brecha digital no puede ser el factor que aparte a las personas mayores”.
Antes de llegar a herramientas como IA, banca digital o plataformas de diseño, la brecha digital parte por condiciones más básicas: acceso a redes, dispositivos disponibles y servicios de conexión estables.
El caso de Mónica Nawrath sirve para aterrizar el problema en tareas concretas: usar redes sociales sin pedir ayuda, crear piezas en Canva, ordenar información en Excel o probar herramientas de IA para resolver actividades diarias. Visto así, la brecha digital no pasa solo por tener conexión o un celular, sino por saber moverse en servicios que ya reemplazaron ventanillas, formularios y canales de atención tradicionales.
“El caso de Mónica (Nawrath) y tantos otros que aprenden sobre redes sociales, Canva, Excel o herramientas de IA, ilustra algo que va más allá de la competencia técnica. Se trata de dignidad”.
La idea de autonomía aparece asociada a acciones simples como hacer un trámite sin ayuda, hablar con la familia en los mismos canales digitales o identificar una estafa cambia la relación de una persona con su entorno. Bajo esta mecánica Florenzano sostiene que el impacto más relevante ocurre cuando la persona mayor recupera independencia en tareas que ya forman parte de la vida cotidiana digital.
“[…] Lo más relevante no es que ahora puedan hacer algo que antes no podían, sino que dejan de depender de terceros para desenvolverse en el mundo cotidiano. Eso significa por ejemplo, poder relacionarse con sus familias en los mismos canales, poder gestionar trámites sin pedir ayuda, poder emprender o seguir trabajando, poder defenderse de estafas”.
Ese punto es especialmente sensible en una vida diaria cada vez más digitalizada, porque la dependencia tecnológica puede transformarse en una nueva forma de exclusión cuando trámites, pagos, servicios y comunicación migran a plataformas que no siempre son simples de usar. En esa misma línea, Florenzano agrega que la autonomía digital también influye en la participación social de las personas mayores.
“Cuando una persona mayor deja de depender de terceros digitalmente, no solo gana autonomía, gana también la capacidad de permanecer conectada, activa y relevante socialmente. Ese es el verdadero cambio”.
Cuando el acceso ya existe, el problema pasa a las habilidades: entender información, operar herramientas, comunicarse en entornos digitales y reconocer riesgos. Ahí la alfabetización digital deja de ser una enseñanza básica y se convierte en una competencia para tomar decisiones en internet.
La seguridad digital entra por un punto muy concreto: muchas personas mayores evitan la banca en línea o los pagos digitales porque temen caer en phishing, suplantaciones o estafas. El problema no es solo abrir una app, sino entender cuándo una alerta es real, cuándo un enlace es sospechoso y cuándo conviene detener una operación antes de entregar datos personales.
La preocupación por el fraude aparece como una barrera directa para usar servicios financieros digitales. Por eso, la alfabetización financiera debe partir por la confianza y no solo por el manejo técnico de una aplicación.
“El eje de alfabetización financiera digital, impulsado en alianza con Banco Falabella, reconoce que el principal freno no es la capacidad técnica, sino el temor a estafas, phishing y suplantación. Por eso consideramos tan importante abordar esta temática”.
Yotta Insurance aparece como uno de los proyectos ganadores del Fondo 55+, con una propuesta orientada a MiPymes y personas mayores de 50 años. Su foco lleva la conversación hacia herramientas concretas de prevención, alerta y respuesta frente a fraudes digitales.
“Este año, uno de los proyectos ganadores es Yotta Insurance, con su ‘Seguro Antiestafas con Cybercompliance para Pymes’. […] enfocado en personas mayores de 50 años […] Ofrece una app móvil con alertas en tiempo real ante phishing y suplantación, planes de reembolso y un tablero de control de cumplimiento de la Ley de Ciberseguridad chilena”.
La línea financiera no apunta solo a enseñar el uso de plataformas bancarias, sino a que las personas mayores puedan operar pagos, revisar alertas y tomar decisiones digitales con mayor independencia, sin quedar expuestas por falta de información ante enlaces sospechosos, intentos de suplantación o solicitudes de datos personales.
“La meta es que el uso de herramientas digitales para las finanzas sea un canal de autonomía”.
El cruce entre IA y empleabilidad aparece en el proyecto Duplas Intergeneracionales Tech, que considera formación en IA para profesionales de 55 a 70 años y trabajo colaborativo con jóvenes para actualizar habilidades en un mercado laboral cada vez más digital.
“Este modelo demuestra que la capacidad de aprendizaje y adaptación no tiene fecha de vencimiento. Los 500 profesionales de 55 a 70 años que se formarán en IA están activamente demostrando que la era digital es de todos”.
El punto laboral pesa porque buena parte del debate sobre IA se queda en productividad, automatización o reemplazo de tareas, mientras deja menos espacio para quienes ya tienen experiencia acumulada en un oficio o profesión. En este caso, la formación apunta a que ese recorrido no quede fuera del cambio tecnológico, sino que pueda combinarse con herramientas nuevas sin tratar la edad como una desventaja.
“Además, sobre la empleabilidad, muestra que el valor profesional senior no está en competir con lo que saben los jóvenes, sino en combinar experiencia con nuevas herramientas. En un país que envejece aceleradamente, donde en 2050, 1 de cada 4 chilenos tendrá más de 65 años, este tipo de iniciativas colaboran a que avancemos como país”.
Florenzano proyecta el problema hacia un escenario donde cada vez más trámites y servicios digitales operan mediante interfaces automatizadas, lo que vuelve más relevantes la usabilidad, la seguridad y la alfabetización digital para acceder a prestaciones que ya no siempre mantienen una alternativa presencial equivalente. La IA, en ese marco, debe ser parte de la formación de personas mayores, pero no como aprendizaje limitado a operar herramientas, sino como una capacidad para entender cuándo usarlas, con qué criterio y frente a qué riesgos.
“En los próximos años el programa debe mantenerse relevante frente al uso de la Inteligencia Artificial […] El desafío no es solo enseñar a usar IA, sino a usarla con criterio. También somos conscientes de que cada vez son más los servicios que están siendo automatizados […] el costo de no saber navegarlos crece exponencialmente”.
Cuando un trámite, un pago o una atención pasan a una plataforma, la barrera ya no está solo en tener conexión: también está en entender el flujo, reconocer una alerta falsa, usar una clave sin exponer datos y saber qué hacer cuando el sistema no ofrece ayuda presencial. Por eso, la vocera de Entel plantea que las personas mayores deben enfrentar la tecnología como usuarios conscientes y críticos, no como receptores pasivos de servicios que cambian más rápido que sus canales de apoyo.
“La visión es que las personas mayores no sean receptoras pasivas de la tecnología, sino usuarios conscientes y críticos. Chile necesita que el envejecimiento no se convierta en exclusión digital masiva. En Entel entendemos que, en un mundo de cambio tecnológico acelerado, la innovación no es solo crear productos y servicios, sino impulsar iniciativas para asegurar que nadie se quede atrás”.
De fondo, la inclusión digital de personas mayores ya no se agota en enseñar el uso básico de un celular o una aplicación, porque hoy también cruza inteligencia artificial, ciberseguridad, banca en línea y servicios automatizados. El desafío pasa por diseñar herramientas que se puedan entender, usar y verificar con seguridad, especialmente cuando esos canales empiezan a reemplazar trámites, pagos y formas tradicionales de atención.