El Samsung Galaxy S26 FE ya corrigió su gran problema, y está posicionado de excelente manera en el mercado chileno.

El Samsung Galaxy S26 FE llega con una promesa de grandes funciones, pantalla grande, buen rendimiento y soporte larguísimo a un precio menor que el de los modelos principales. Y en la mayoría de estos aspectos se cumple. El problema es que ese precio subió con respecto al S25 FE del año pasado, y el teléfono cambió muy poco respecto a su antecesor.
Verán, desde el 2020, la gama Fan Edition de Samsung busca ofrecer una experiencia casi flagship sin pagar el precio completo. Esta generación llega en un mal momento para los bolsillos, porque la crisis de memoria RAM ha encarecido todos los smartphones.
Y es que en Chile, este teléfono llegó con un precio cercano a los CLP $900.000. Un precio que lo pone directamente en el patio del S25 Ultra del año pasado, el que tiene un mejor procesador, mejor cámara, mejor pantalla y mejor construcción.
Con esa lógica, vale la pena revisar con calma qué ofrece este teléfono y qué sacrificó para llegar a ese precio. Y la buena noticia, es que ya ha bajado mucho de precio y ya podemos dar un veredicto completo a ese precio.
El diseño del Galaxy S26 FE es prácticamente el mismo del S25 FE, y también se parece mucho al del S26 Plus. Tiene frente plano de lado a lado, esquinas redondeadas, tres cámaras traseras dentro de una misma isla y un marco de aluminio. Mide 161,6 x 76,9 x 7,4 mm y pesa 193 gramos. Es fino y bastante liviano para su tamaño, y se puede usar con una mano durante buen rato, aunque llegar a las esquinas superiores exige algo de malabarismo.
Samsung hizo algunos recortes que se notan al tacto. La parte trasera es de vidrio brillante, no mate como en los S26 más caros. Eso ayuda a que no resbale tanto, pero atrae huellas y luce menos elegante, sobre todo en el tono Pistacho, aunque el mio es el Grafito, donde se notan menos las huellas al tacto.
Tanto el frente como la trasera usan Gorilla Glass Victus+, una generación detrás de lo que llevan el S26 y el S26 Plus. El marco tampoco es del aluminio reforzado de los modelos superiores. Aun así, mantiene la certificación IP68, que lo protege del polvo y de inmersiones de hasta 1,5 metros durante 30 minutos.
Los colores son Blueberry, Grafitoy Pistacho. El gris es la opción sobria, mientras que el azul y el verde pálido logran un equilibrio entre llamativo y discreto. Como detalle práctico, el módulo de cámaras queda casi al ras de la isla, pero el teléfono igual se balancea bastante cuando lo apoyas sobre una mesa.
Hay además dos recortes que pasan desapercibidos en la ficha técnica. El puerto USB-C bajó a velocidades USB 2.0, cuando el modelo anterior tenía USB 3.2. Eso hace más lenta la transferencia de archivos y deja fuera DeX por cable y la salida de video a un monitor.
DeX inalámbrico eso sí, sí funciona. El lector de huellas óptico bajo la pantalla también es más lento que el ultrasónico de los S26 de gama alta, aunque en la práctica responde con fiabilidad.
La pantalla Dynamic AMOLED 2X de 6,7 pulgadas es el motivo más sólido para elegir este teléfono. Tiene el mismo tamaño que la del S26 Plus, algo poco común en la gama media. Pero es un panel heredado del S25 FE e incluso del S24 FE, con resolución Full HD+ (2.340 x 1.080 píxeles) en lugar de la QHD del Plus. Su brillo máximo es de 1.900 nits, frente a los 2.600 de los S26 premium. La tasa de refresco llega a 120 Hz, aunque sin tecnología LTPO, así que solo alterna entre 60 y 120 Hz y no baja a 1 Hz para ahorrar energía en el always-on.
En el uso diario, esas diferencias se notan menos de lo que sugiere la ficha técnica. La pantalla ofrece negros profundos, colores intensos y bien calibrados, buen contraste y soporte de HDR10+. Ver series, reels o videos cortos es un gusto. De hecho, es una de las mejores pantallas que he probado este año por lejos.
El scroll es fluido y las animaciones se sienten suaves. En exteriores se lee bien, incluso con sol fuerte, aunque quienes están acostumbrados a los paneles de los flagship más recientes percibirán que le falta ese plus de brillo y que no tiene tratamiento antirreflejo de los Ultra.
El punto débil visual está en los bordes. Los marcos negros no son uniformes, y el inferior es claramente más grueso que el superior y los laterales. Es una señal clásica de que estás ante un Samsung más económico. A la mayoría no le quitará el sueño, pero a estas alturas sorprende ver ese «mentón» en un teléfono de este precio.
El sonido es estéreo, con un altavoz dedicado y el auricular haciendo de segundo canal. No tiene la potencia ni los graves de un Ultra, pero se escucha bien para ver videos en una habitación pequeña o mediana. Para la gran mayoría, este será más que suficiente.
El procesador Exynos 2500, fabricado en 3 nanómetros, es el mismo que se estrenó en el Galaxy Z Flip 7 del año pasado. Es un procesador de gama alta en toda regla. Lo malo es que lo acompañan solo 8 GB de RAM y a almacenamiento de 128, 256 o 512 GB, sin ranura para tarjetas.
No es el chip más reciente de Samsung, porque los S26 principales usan el Snapdragon 8 Elite Gen 5 o el Exynos 2600 según la región. Pero aun así, ofrece más de lo que se esperaría.
En Geekbench 6, el S26 FE ronda los 2.360 puntos en un solo núcleo y los 7.800 en multinúcleo. Donde más brilla es en gráficos, gracias a una GPU especialmente buena en pruebas de trazado de rayos. Frente a rivales con Snapdragon 8 Elite Gen, queda por detrás en CPU, algo que era de esoerarse.
Pero en el día a día, el teléfono se siente realmente muy rápido y fluido. Las apps abren sin demora, el cambio entre ellas es ágil y no se perciben tirones habituales. Hay detalles menores, como un pequeño tropiezo al salir de la cámara o algún retraso ocasional al procesar fotos. Pero ninguno de esos es consistente o grave.
En juegos funciona muy bien. Títulos como Call of Duty: Mobile o Asphalt corren sin problemas, y la cámara de vapor interna evita que el calor llegue a niveles molestos. Eso sí, el teléfono se calienta con relativa rapidez en sesiones largas y exigentes y alrededor del módulo de cámaras durante grabaciones largas.
Como decía, los 8 GB de RAM son el verdadero límite. Frente a los 12 GB de los otros Galaxy S de este año, se nota más en multitarea intensa que en cualquier prueba sintética. Para navegar, mensajear y jugar está bien, pero no es un dispositivo para exprimir en productividad.
Y los 128 GB base también quedan justos hoy. Subir a 256 o 512 GB te acerca al precio de un flagship, lo que resulta contradictorio con la idea de la gama FE.
El sistema de cámaras del Galaxy S26 FE es idéntico al del S25 FE, y en el papel al de los S24 FE y S23 FE. Tiene un sensor principal de 50 MP (f/1.8), un ultra gran angular de 12 MP, un teleobjetivo de 8 MP con zoom óptico 3x y una cámara frontal de 12 MP. Samsung no actualizó ningún sensor este año. Y en la práctica, la historia se divide entre lo que funciona bien y lo que se queda corto.
La cámara principal es la estrella. De día entrega fotos con buen detalle, amplio rango dinámico y esa saturación característica de Samsung, que da colores vivos y listos para compartir. En algunas escenas los tonos salen algo apagados o con una parte de la imagen más brillante y saturada que el resto. En poca luz, el modo noche automático rinde bien, con un poco de ruido y un afilado a veces agresivo. Los retratos separan bien el sujeto del fondo, aunque tienden a suavizar la piel en exceso y a aclarar un poco los tonos.
El teleobjetivo de 3x resulta correcto en la calle cuando sacas fotos o cuando hay buena luz. Hay buen nivel de detalle a 3x y los resultados siguen siendo utilizables hasta 10x, pero la imagen sale más oscura, plana y con ruido que la de la cámara principal.
Por eso, para un 2x conviene confiar en el recorte del sensor principal. Ahora, pasando de 10x, el resultado se vuelve derechamente deficiente, y en interiores o con poca luz es mejor quedarse en 3x.
El ultra gran angular es el eslabón más flojo. De día cumple, sin distorsión notable en los bordes, pero pierde detalle y los colores se ven apagados. En interiores y de noche decae bastante, y a veces muestra una temperatura de color distinta de la cámara principal.
La cámara selfie de 12 MP es sólida. Saca fotos con buen detalle y colores razonables, con un retrato bien resuelto y una piel que acierta más de lo que falla. Eso sí, en algunas tomas los brillos se exponen demasiado y los colores se ven algo apagados. De hecho, lado a lado con el propio Galaxy A57 de Samsung, no vas a encontrar casi ninguna diferencia.
En video, la cámara principal graba con mucho detalle y buen rango dinámico, y el ultra gran angular responde de forma decente. El teleobjetivo tiende a verse lavado, algo que se nota al cambiar entre lentes en plena grabación. Además, el video 4K a 60 fps solo funciona con la cámara principal y la frontal. Si quieres usar las tres cámaras traseras en 4K, debes quedarte en 30 fps.
Mi lectura es clara: para fotos de uso diario, WhatsApp e Instagram, este sistema cumple de buena manera. Pero obvio, para quien prioriza la fotografía, hay mejores opciones en esta franja, como el Xiaomi 17T Pro con su conjunto de sensores más versátil.
Una de las mejoras reales del S26 FE está en el software. Llega de fábrica con Android 17 y One UI 9, antes incluso de que los S26 principales reciban esa versión de forma estable. Esto le da acceso a las últimas funciones de Galaxy AI, como My FanCam, que permite reencuadrar un video alrededor de una sola persona. También incluye herramientas de edición asistida por IA, como Photo Assist y Audio Eraser, un modo de video ultra estable y novedades de productividad como Now Brief. La integración con Gemini y la búsqueda de ajustes en lenguaje natural son otros puntos a favor.
La experiencia es fluida y estable, pero One UI 9 sigue siendo un sistema increíblemente versátil y que funciona muy bien. Una vez te acostumbras a cosas como que la pantalla de bloqueo muestra solo iconos de notificaciones y no el texto completo, y que el ajuste para cambiarlo no es fácil de encontrar, las cosas vuelan.
Hay funciones de Samsung que siguen estando por detrás –en mi opinión—que su contraparte de Google. Uno de ellos es el teclado de Samsung que rinde peor que Gboard, y se duplican herramientas con las de Google, como la galería o los editores de IA. También vienen preinstaladas aplicaciones como Facebook, Instagram o TikTok. Samsung dejó de usar su propia app de mensajes, y se perdió el respaldo de One Drive por el de Google Fotos, lo que va siendo un avance interesante.
One UI 9 es una capa de personalización increíble donde todo fluye, todo se siente liviano y no hay intromisiones de notificaciones que no deberían ir ahí, o anuncios de sistema.
Donde sí no hay discusión es en el soporte. Samsung promete siete años de actualizaciones de Android y de parches de seguridad, lo que lo mantiene vigente hasta 2033.
Es el mismo compromiso que en los Galaxy S más caros y un año más que el Galaxy A57. Frente a rivales con mejor hardware que solo prometen cinco años, es un argumento de peso para comprarlo.
La batería de 4.900 mAh repite la capacidad del S25 FE y del S26 Plus, y sigue siendo de ion de litio tradicional. No usa las baterías de silicio-carbono que ya llevan otros fabricantes con capacidades mucho mayores y la propia Samsung en los Fold8.
La autonomía real, como siempre, depende del uso. En mi uso, aguanta con comodidad un día completo de uso mixto, con unas 5 o 6 horas de pantalla encendida y llegando a la mañana siguiente con algo de carga restante.
Con un uso moderado o bajo, y con el modo de ahorro activado, puede estirarse a un par de horas más, pero no mucho más que eso. Pero no se trata de un teléfono de dos jornadas completas garantizadas, y hay algo de consumo en reposo.
La carga rápida es de 45 W por cable, y la inalámbrica de 15 W, sin compatibilidad Qi2. Con un cargador adecuado, que no viene en la caja, el teléfono sube del 15% al 50% en unos 15 minutos. En 30 minutos llega a entre el 59% y el 70%, y la carga completa toma entre 58 y 75 minutos según la unidad probada. Son tiempos más que aceptables, aunque la carga inalámbrica de 15 W se queda corta hoy. Además, la carga inversa inalámbrica ya no funciona con los relojes Galaxy lanzados desde 2024.
Ahora, el gran pero de este teléfono es su precio. Y es que llegó a Chile con un precio oficial de CLP $919.990. Por ese precio, claramente estamos ante una oferta que es muy difícil de justificar mirando el mismo portafolio de Samsung y las pocas mejoras con respecto al S25 FE del año pasado que era más barato.
Pero hoy, el teléfono se encuentra en la vecindad de los CLP $550.000, incluso llegándose a ver por CLP $499.990. Y por ese precio, el teléfono es un sí rotundo en todos los sentidos.
El Samsung Galaxy S26 FE es un buen teléfono, que cae en una posición incómoda debido a los problemas mundiales de componentes y memorias. Ofrece una pantalla grande y agradable, rendimiento más que suficiente para casi todos, una cámara principal fiable, siete años de actualizaciones y un diseño que se siente premium. Pero casi todo eso ya estaba en el S25 FE, y solo el chip, el software de fábrica y un año más de soporte justifican la diferencia. A cambio, perdió velocidad en el USB-C y sigue con 128 GB de almacenamiento base y 8 GB de RAM.
Si lo comparas con alternativas de la misma marca, el panorama es divisorio. Y es que el propio S25 FE se encuentra con una experiencia muy parecida y recibirá One UI 9 con las mismas funciones del S26 FE.
Incluso el Galaxy S26 básico se encuentra a una diferencia de precio menor de lo que se esperaría, aunque con una pantalla más pequeña.
Claramente, el S26 FE está dirigido a quien quiera la experiencia Samsung en pantalla grande, con buena batería, rendimiento sólido y soporte a largo plazo, y venga de un Galaxy más antiguo o de otra marca.
También para quien consiga una oferta puntual o un plan con descuento. Si la fotografía no es tu principal valor en un teléfono, y quieres un teléfono confiable, que se va a actualizar mucho, que rinda excelentemente bien, y que tenga el set más completo de herramientas de IA en un fabricante de smartphones, el Galaxy S26 FE es una recomendación más que probada.
A mí, personalmente, me gustó mucho. Y esperaría a encontrarlo en oferta si quisiera comprarlo.