En pleno enero, una noticia sacude al mundo de la tecnología. Samsung ha informado a sus distribuidores en Taiwán que subirá los precios mayoristas de sus memorias. El incremento alcanzaría hasta un 80% en módulos DRAM y unidades SSD. Esta decisión impactará directamente en el costo de laptops, consolas y otros dispositivos electrónicos.
Los precios al consumidor ya venían en alza desde noviembre. Por ejemplo, en solo tres meses, un kit de 32 GB DDR5 para laptops duplicó su valor. Pasó de costar unos 150 dólares a superar los 300 dólares en muchas tiendas. Es más, el propio SSD portátil Samsung T7 de 1 TB también se encareció. Subió de 99 a 199 dólares en el mismo periodo.

La causa principal es la voraz demanda de hardware para inteligencia artificial. Empresas como Nvidia pagan el doble por memorias HBM4 destinadas a centros de datos. Esto ha desviado la producción de Samsung hacia el segmento empresarial. Marcas como Crucial incluso han abandonado el mercado de consumo. Prefieren enfocarse en componentes para servidores de alto rendimiento.
La brecha entre memorias empresariales y de consumo se ha ampliado hasta un récord del 40%. Los módulos para uso crítico requieren componentes más robustos y confiables. Pero ahora, incluso los productos comunes sufren escasez y alzas desmedidas. Distribuidores reportan que apenas pueden entregar diez kits diarios.
Este panorama podría retrasar lanzamientos o encarecer dispositivos como el futuro Switch 2 o el PS6. En Chile, donde los componentes ya llegan con sobreprecio, el golpe será más fuerte. Los jugadores y usuarios deberán prepararse para una nueva era de costos elevados.

