Sony está construyendo algo más grande que una consola de nueva generación. Y es que las más recientes filtraciones sobre la PS6, recopiladas por el medio especializado MP1st y amplificadas por fuentes como el insider Kepler_L2, revelan que la próxima PlayStation no solo apunta a mejorar el rendimiento local, sino también a transformar completamente la experiencia de juego en la nube y almacenamiento digital.
El conjunto de detalles filtrados ofrece el retrato más completo hasta ahora de lo que será la consola de Sony para su lanzamiento previsto en 2027.
El avance más relevante en conectividad se da en el gaming en la nube. Según los informes, Sony llevaría más de tres años modernizando su infraestructura de servidores, equipándolos con SSD PCIe Gen5 NVMe, capaces de velocidades de lectura de hasta 14.900 MB/s y escritura de 14.000 MB/s. Para comparar, los SSD de cuarta generación que usa la PS5 alcanzan 7.500 MB/s de lectura. Por lo tanto, los servidores de la PS6 trabajarían prácticamente al doble de velocidad, lo que se traduciría en cargas instantáneas y transmisión más fluida para los suscriptores de PS Plus Premium.
La unidad local de almacenamiento también migra a la quinta generación de PCIe, replicando así la tecnología de los servidores también en la consola doméstica. Sin embargo, la capacidad no crecería al mismo ritmo: el filtrador Kepler_L2 confirma que la PS6 llegará con 1 TB de SSD, igual que el modelo original de PS5 y muy por debajo de los 2 TB de la PS5 Pro.
La apuesta de Sony para no convertir ese espacio en un problema real es la tecnología Neural Texture Compression (NTC), que permite reducir el tamaño de los juegos hasta 7 veces usando la GPU con IA. Es decir, un juego de 150 GB en PS5 podría ocupar entre 20 y 25 GB en PS6.
En cuanto a compatibilidad, la filtración también aporta más evidencias de que la PS6 soportaría juegos de PS5 de forma nativa, sin parche ni trabajo adicional por parte de los desarrolladores. El mecanismo técnico implicaría el uso compartido de binarios de shaders entre ambas consolas, lo que permite que los títulos simplemente funcionen en el nuevo hardware sin necesidad de adaptación. Además, la memoria GDDR7 de 30 GB a 32 Gbps con ancho de banda de 640 GB/s posibilitaría correr estos juegos con mejoras automáticas de rendimiento y resolución.

