Yoshi and the Mysterious Book llega a Nintendo Switch 2 como una de esas ideas que, en papel, podrían parecer menores frente a los grandes lanzamientos del ecosistema Nintendo, pero que en la práctica terminan siendo mucho más interesantes de lo que su apariencia sugiere.
No estamos ante un plataformas tradicional que busque desafiar al jugador con precisión milimétrica o con picos de dificultad marcados, sino frente a una aventura de descubrimiento, imaginación y experimentación, construida con la clase de cariño artesanal que suele asociarse la saga de Yoshi desde hace algunas entregas, desde la Wii en adelante.
En esta ocasión, la premisa es simple, pero efectiva: Yoshi entra en un libro viviente, el misterioso Mr. E, para explorar páginas pobladas por criaturas extrañas, estudiar sus comportamientos y resolver pequeñas situaciones a partir de la interacción directa con cada una de ellas. Esa idea define casi por completo la experiencia, y también su principal virtud.

La historia funciona más como marco que como motor dramático, pero cumple muy bien su cometido. Bowser Jr. y Kamek reaparecen como presencia de fondo, aportando algo de conflicto y continuidad, aunque el verdadero protagonismo lo tiene el propio libro y su lógica de enciclopedia mágica.
Cada capítulo se siente como una nueva página de un cuento ilustrado, con criaturas que no solo decoran el mundo, sino que influyen activamente en cómo se avanza. El resultado es una aventura que transmite curiosidad desde el primer minuto, apoyada en un tono amable, muy infantil, pero no por eso vacío.
De hecho, parte del encanto del juego está en esa sensación de estar “descubriendo” algo constantemente, como si cada rincón escondiera un pequeño secreto por resolver.
La gran transformación de un plataformas en un juego «Cozy»
En lo jugable, el cambio de enfoque respecto de otros plataformas de Yoshi es lo que más lo distingue. Aquí el objetivo no es simplemente llegar al final del nivel, sino estudiar el entorno, probar interacciones y entender qué reacción provoca cada criatura. Yoshi mantiene su repertorio clásico de movimientos, como la lengua, el salto flotante, los huevos y el ground pound, pero el juego los usa menos como herramientas de combate y más como llaves de experimentación.
Tragar, cargar, golpear o lanzar un huevo no siempre sirve para destruir, sino para observar, alterar o desbloquear comportamientos nuevos. Esa estructura le da a cada escenario un ritmo particular, más cercano al de un patio de juegos interactivo que al de un plataformas de avance lineal.
Lo más llamativo es que el diseño evita castigar al jugador en exceso. La ausencia de una presión constante en el jugador por terminar el nivel, e incluso la ausencia de una verdadera pantalla de game over, deja claro que el foco está en explorar sin miedo a equivocarse, sin importar cuantas veces mueras o cuantas veces falles en el mismo lugar del nivel.

Eso puede sonar a limitación para quien busque desafío puro, pero en realidad es coherente con la identidad del juego en mi opinión. Y es que Yoshi and the Mysterious Book apuesta por una experiencia relajada, donde el placer viene de probar cosas y ver cómo responde el mundo ante cada una de nuestras interacciones, y no de quién termina el juego en el menor tiempo posible.
Esa filosofía lo vuelve especialmente accesible para jugadores jóvenes o para quienes simplemente quieran algo más contemplativo dentro del catálogo de Switch 2. Es más, seguramente vas a ver qué algunos jugadores lo describen como un plataformas “cozy”, y eso es justamente lo que es en mi experiencia: es un juego que no busca adrenalina, sino descubrimiento.
Niveles que fomentan el descubrimiento
La estructura de los niveles refuerza constantemente esa sensación antes descrita. Cada capítulo introduce criaturas nuevas que modifican la forma de jugar, y muchas veces esas criaturas terminan funcionando casi como power-ups o herramientas de progreso necesarias en cada nivel.
No se trata solo de coleccionarlas, sino de entender cómo se enlazan unas con otras dentro de la lógica del libro. El juego incentiva la observación y recompensa la curiosidad, algo que se agradece porque evita que el diseño caiga en la repetición mecánica. Aun así, conviene decirlo con claridad: el juego no es difícil, pero en su sencillez radica parte importante de su propuesta. Quien espere un plataformas de alta precisión o un reto técnico exigente probablemente lo vea como una decepción, y justamente eso es lo que tenemos que dejar en claro.
Atrás quedaron los desafíos de plataformas a los que nos acostumbró Yoshi en Yoshi’s Island para la SNES. A partir de ese punto, los juegos del dinosaurio han ido progresivamente siendo más accesibles cada vez, y este juego es nueva prueba de ello.

Visualmente increíble
En el apartado visual, el juego es una pequeña joya. La dirección artística abraza por completo la idea de estar dentro de un libro ilustrado, con escenarios que parecen construidos con papel, cartón, pliegues y páginas desplegables. La ambientación tiene una calidez inmediata, y el uso de la perspectiva, los cambios de página y las transformaciones del entorno en tiempo real le dan una personalidad muy marcada.
Hay una intención clara de que cada mundo se sienta como una ilustración viva, y el resultado es muy convincente. No es solo bonito; es coherente. El arte no está ahí para adornar la jugabilidad, sino para justificarla y ampliarla.
En Switch 2, además, el rendimiento acompaña muy bien. La experiencia se percibe sólida y fluida, sin señales de que la consola esté luchando con el diseño visual o con la cantidad de efectos en pantalla. Eso es importante, porque un juego que depende tanto de la lectura clara del entorno y de la interacción con objetos y criaturas necesita precisión visual para funcionar.

Aquí la imagen se mantiene limpia, el movimiento responde bien y el conjunto transmite una sensación de pulido que encaja con la ambición del proyecto. No parece un juego pensado para exhibir una demostración técnica de poder bruto, sino para mostrar cómo la Switch 2 puede sostener mundos estilizados, llenos de detalles y con animaciones expresivas sin perder estabilidad en ningún momento.
¿Vale la pena?
En resumen, Yoshi and the Mysterious Book es una entrega muy particular dentro de la saga. No intenta reinventar por completo a Yoshi, pero sí lo lleva a un terreno distinto, más centrado en la sorpresa, la observación y la interacción lúdica con un universo de criaturas extrañas.
Su mayor virtud es que consigue convertir una idea sencilla en una experiencia memorable, con mucho encanto visual y una estructura de juego que premia la curiosidad por encima de la destreza. Su mayor limitación, al mismo tiempo, es evidente: la falta de dificultad real hará que algunos jugadores lo sientan demasiado ligero o efímero.
Pero incluso con eso sobre la mesa, el resultado es el de un plataformas muy bien pensado, encantador y con identidad propia, de esos que no buscan impresionar por complejidad, sino por personalidad. Personalmente, creí que quedaría decepcionado cuando vi lo que era el juego. Pero en la realidad, fue uina agradable sorpresa.
Yoshi and the Mysterious Book es un juego que todos pueden disfrutar si es que van con la mentalidad correcta. Es un juego de exploración donde no hay desafíos evidentes ni tramas complejas. Se trata de un título donde te vas a sentar un par de hoaras al día y vas a disfrutar explorando cada nivel, porque el mismo está hecho de una manera inteligentísima.
Es, sin dudas, uno de los juegos que más he disfrutado en la Nintendo Switch 2. Y creo que incluso los capítulos finales del juego siguen siendo muy gratificantes, y si, hay suficientes momentos desafiantes para evitar que se sienta aburrido.
El juego tiene un costo de CLP $61.990 en la eShop.

