Samsung sabe perfectamente lo que hace cuando lanza un teléfono de la serie A. Lleva años perfeccionando la fórmula, ajustando los márgenes, puliendo los acabados y, sobre todo, resistiendo la tentación de ofrecer demasiado por muy poco, sobre todo con la línea FE también en su catálogo.
El Galaxy A57 es el más reciente resultado de esa filosofía, y llega en 2026 con una misión muy clara: convencer a quienes quieren buena experiencia de usuario sin pagar el precio de un flagship.
Eso suena bien sobre el papel. El problema, y es algo que vale la pena decir desde el principio, es que Samsung ha subido el precio de partida respecto al A56 del año pasado, situando el modelo base en 499.990 para la versión de 8 GB de RAM y 128 GB de almacenamiento, y en 539.990 para la de 256 GB. No es un incremento catastrófico, pero sí obliga a que el teléfono justifique el alza con algo más que un rediseño estético.
¿Lo consigue? Eso es precisamente lo que vamos a ver.
Diseño
Lo primero que sorprende al tomar el Galaxy A57 es su delgadez, y para bien. Con apenas 6,9 mm de grosor y 179 gramos de peso, Samsung ha logrado fabricar uno de los teléfonos de gama media más cómodos que se pueden tener en la mano hoy en día.
Es medio milímetro más delgado que el Galaxy A56, lo que puede parecer una nimiedad, pero cuando lo tienes entre las manos y lo comparas con un rival más grueso, la diferencia se nota y se agradece.
El chasis es de aluminio, con Gorilla Glass Victus Plus tanto en la parte frontal como en la trasera, lo que le da una sensación de solidez y cierta resistencia ante las ralladuras cotidianas. La certificación IP68 completa el cuadro de durabilidad, garantizando resistencia al polvo y al agua.




Samsung también ha reducido los bordes alrededor de la pantalla hasta 1,5 mm en los laterales y en la parte superior, y 2,5 mm en el mentón inferior, lo que mejora visiblemente la ratio cuerpo-pantalla. El resultado es un frente más limpio y moderno que el de su predecesor, acercándose visualmente a lo que se espera de un teléfono premium sin serlo –por su precio–.
El módulo de la cámara trasera ha recibido uno de los cambios más llamativos: el anillo metálico sólido de años anteriores ha sido reemplazado por un acabado translúcido de cristal que le da un aspecto más sofisticado. Las cuatro variantes de color disponibles (Navy, Gray, Icyblue y Lilac) ofrecen opciones para todos los gustos, aunque los colores más oscuros tienden a mostrar más huellas dactilares. Es un detalle menor, pero uno que conviene tener en cuenta.
Pantalla
El Galaxy A57 estrena la denominada pantalla «Super AMOLED Plus» en su panel de 6,7 pulgadas con resolución Full HD+ (2.340 x 1.080 píxeles) y tasa de refresco adaptativa de 120 Hz. En términos prácticos, la experiencia visual es exactamente lo que se espera de Samsung: colores vivos, negros profundos y una fluidez de navegación que resulta difícil de criticar a este precio.
La pantalla alcanza un brillo máximo de 1.900 nits cuando la luminosidad adaptativa está activada, un salto notable respecto a generaciones anteriores. Eso la hace perfectamente legible bajo la luz solar directa, una carencia histórica en los smartphones de gama media. El soporte HDR10+ también está presente, lo que añade valor cuando se consume contenido de streaming que lo soporte.

Las mejoras respecto al A56 son más bien cosméticas eso sí: los marcos más finos y el ligero aumento de brillo son los cambios más perceptibles. La resolución y el tamaño se mantienen igual que el año pasado. Para un usuario que lleve dos o tres generaciones con Samsung, la pantalla del A57 no representará una revolución.
Pero para quien llegue de un teléfono más antiguo o de gama baja, este panel va a resultar genuinamente impresionante en el día a día.
Rendimiento
El interior del Galaxy A57 es el procesador Exynos 1680, fabricado en 4 nanómetros, que viene a reemplazar al Exynos 1580 del año pasado. Sobre el papel, es una actualización razonable. En la práctica, los resultados son buenos también.
Por ejemplo, en Geekbench 6, el A57 obtiene alrededor de 1.375 puntos en un solo núcleo y 4.417 en multi núcleo, lo que supone una mejora apreciable respecto al A56 en la prueba de múltiples núcleos, pero lejos de teléfonos como el iPhone 17e.
En el uso cotidiano, todo esto se traduce en una experiencia fluida para las tareas habituales: redes sociales, navegación web, streaming, llamadas y mensajería funcionan sin problemas.
Las aplicaciones abren rápido y el multitarea es cómodo. El problema aparece cuando se le exige más. Los videojuegos de mayor demanda gráfica hacen calentar al teléfono. Por ende, no es el compañero ideal para los aficionados a los juegos móviles exigentes –para eso hay otras marcas dedicadas a entregar mejores procesadores sacrificando otras cosas–, aunque para títulos casuales se defiende bien.
Con 8 GB de RAM en todas las configuraciones, la gestión de aplicaciones en segundo plano es correcta,y la verdad nunca tuve problemas al usarlo.
Cámaras
El sistema de cámaras del Galaxy A57 no ha cambiado en cuanto a hardware: sigue siendo la misma combinación de sensor principal de 50 MP (f/1.8), ultra gran angular de 12 MP (f/2.2), cámara macro de 5 MP (f/2.4) y sensor frontal de 12 MP (f/2.2).
La ausencia de teleobjetivo con zoom óptico es, sin duda, la mayor carencia de este teléfono, especialmente cuando rivales como Motorola o Xiaomi ya incluyen un sensor dedicado de 50 MP para zoom a un precio inferior.
Pero donde Samsung marca la diferencia es en el procesamiento de imagen. Las mejoras de este año son principalmente software: un nuevo procesador de señal de imagen (ISP) que incorpora el Low Noise Mode por primera vez en la serie A, una transición más fluida entre el objetivo principal y el ultra gran angular, y tiempos de respuesta más rápidos entre disparo y disparo.
Esto se traduce que en condiciones de luz favorable, el sensor principal produce imágenes con muy buen nivel de detalle, buena exposición y colores precisos, aunque con la tendencia habitual de Samsung a producir resultados ligeramente sobreexpuestos.
El ultra gran angular del A57 ofrece una mayor consistencia de color respecto al del A37, lo que facilita el uso conjunto de ambos objetivos sin que los resultados parezcan tomados con dos teléfonos distintos. La cámara frontal de 12 MP, por su parte, produce selfies nítidos con buen rango dinámico y una reproducción de la piel bastante natural, sin el exceso de procesado de belleza que tanto molesta en otros fabricantes.
El punto malo sigue siendo la cámara macro de 5 MP. Es una lente que en teoría suma opciones al usuario, pero que en la práctica ofrece fotos con poca saturación, escaso detalle y resultados que difícilmente van a destacar en ninguna red social.
No entiendo por qué esta decisión todavía. Mientras, el zoom digital, a partir de 4x, empieza a mostrar ruido y pérdida de detalle de forma bastante evidente. Tener que recurrir a él cuando lo que se necesita es acercarse a un sujeto lejano es la mayor frustración del día a día con este teléfono.
Software: One UI 8.5 y seis años de soporte
El Galaxy A57 llega con Android 16 y One UI 8.5 de serie, lo que lo convierte en uno de los pocos teléfonos de gama media en estrenar de fábrica la versión más reciente del sistema operativo de Google. La interfaz de Samsung sigue siendo una de las más completas y personalizables del mercado Android, con opciones de ajuste de pantalla, sonido, gestos y privacidad que superan con creces lo que ofrecen muchos otros fabricantes.
La propuesta de inteligencia artificial se llama «Awesome Intelligence» en el A57, una versión ligeramente reducida del Galaxy AI que Samsung reserva para sus teléfonos de la serie S.

Aun así, las herramientas disponibles son muy útiles: Circle to Search actualizado con reconocimiento de múltiples objetos simultáneos, transcripción de voz y llamadas en tiempo real, selección IA para arrastrar elementos entre aplicaciones, Auto Trim para vídeos, Best Face para fotos grupales y la integración de Gemini para asistencia inteligente con las apps del teléfono.
Donde sí se nota la diferencia con los Galaxy S es en la herramienta de borrado de objetos: el resultado en el A57 es claramente imperfecto comparado con la ejecución impecable del Galaxy S26 Ultra, aunque hay que reconocer que la diferencia de precio entre ambos modelos justifica en parte esa brecha.
El compromiso de seis años de actualizaciones de Android y parches de seguridad es uno de los argumentos más sólidos para elegir este teléfono. Samsung marcó tendencia, y marcas como Google ya se han alineado en materia de soporte a largo plazo, lo que convierte al A57 en una inversión realmente muy inteligente para quien piense quedarse con el mismo dispositivo durante varios años.
Batería
El Galaxy A57 mantiene la batería de 5.000 mAh que ya incluía su predecesor, sin cambios en la capacidad. La novedad aquí viene del software y del procesador: Samsung asegura haber mejorado la eficiencia energética del conjunto lo suficiente como para exprimir más horas de cada carga.
Y los resultados parecen respaldar esa afirmación. Según mi consumo real, el teléfono puede llegar a una jornada de uso sin problemas. Pero no mucho más que eso. Obviamente, si juegas mucho, esto se verá reducido.
En condiciones de uso mixto —redes sociales, mensajería, algo de navegación y alguna foto por aquí y otra por allá— el A57 llega sin problemas al final del día con batería de sobra, y en días de uso muy moderado puede alcanzar dos jornadas completas sin necesidad de buscar un enchufe. Eso es exactamente lo que se pide a un teléfono de este segmento.
Cuando hay que cargarlo, la carga rápida a 45W cubre las necesidades básicas: en 15 minutos carga cerca de un 30% de batería, en 30 minutos se llega al 60%, y al cabo de una hora ya tienes cerca del 90%.
El cargador, no obstante, no se incluye en la caja, lo que obliga a usar el que ya se tenga o a adquirir uno por separado. La ausencia de carga inalámbrica tampoco es una sorpresa a este precio, pero es un detalle que conviene tener presente al comparar con alternativas.
Conclusión
El Samsung Galaxy A57 es un teléfono que yo podría calificar realmente como “honesto”. No intenta ser algo que no es, no promete lo que no puede cumplir, y no decepciona en aquellas áreas en las que realmente importa para el usuario medio. La pantalla es buena, la autonomía es buena, el software es el mejor del mercado Android y el diseño ha dado un paso hacia adelante claramente.
Su perfil delgado lo hace muy cómodo de usar a la mano. Mucho más que sus competidores en precio. Solo podría poner al Motorola Edge 70 en esta misma liga, y es que los teléfonos delgados y ligeros que cumplen en todo son difíciles de encontrar todavía.
Sus limitaciones también son claras: el rendimiento del Exynos 1680 no es tan competitivo como cabría esperar por el precio pedido, la ausencia de teleobjetivo se hace notar en cuanto se quiere hacer zoom, y la cámara macro de 5 MP sigue siendo una presencia que realmente no se entiende en 2026. A eso hay que sumarle el incremento de precio respecto al A56, que coloca al A57 en una posición más comprometida frente a rivales. Incluso frente al propio Samsung Galaxy S25 FE, que al mismo precio, es superior en todo sentido.
LA buena noticia es que el teléfono ha bajado bastante de precio desde que salió a ahora, lo que significa que se está haciendo cada vez más atractivo conforme pasan los días.
Aun así, para quien quiera una experiencia Samsung completa —con One UI 8.5, Galaxy AI y seis años de soporte garantizado— sin pagar el precio de un Galaxy S26, el A57 cumple con solvencia.
En resumen, el teléfono no es la elección perfecta para todos, pero para la mayoría de los usuarios que buscan un teléfono sólido y duradero en la gama media, es una apuesta segura. Y cuando baje más de precio, es una recomendación a ojos cerrados.










