Hablar de Castlevania no es otra cosa que evocar uno de los pilares del gaming tal cual lo conocemos hoy, y es que han pasado más de 10 años desde que la saga ha tenido un juego nuevo como tal. Y en Belmont’s Curse, esa responsabilidad que tiene la franquicia se lleva a nuevos niveles en un título que no decepciona para nada.
La historia nos lleva a París en 1499, una ciudad cuyas calles han sido invadidas por criaturas y donde las fuerzas encargadas de proteger a sus habitantes han abandonado sus puestos. En este escenario aparece Rose Belmont, quien llega junto a su padre, Trevor Belmont, tras recibir una petición de ayuda del obispo local.
Claramente, en Belmont’s Curse se toma mucha inspiración de la serie de Castlevania de Netflix. Desde los personajes principales (Trevor y Rose, su hija con Sypha Belnades), hasta los paisajes de París. Todo nos evoca a la serie animada que está disponible en el servicio de streaming, y que tantas buenas sensaciones nos dejó.
Y aunque la misión inicial consiste en investigar el origen de este caos, también se introducen indicios de una maldición relacionada con la protagonista desde un principio.
También se hacen referencias a las anteriores derrotas de Drácula, las que abren interrogantes sobre su posible participación, pero para ello hay que avanzar en la historia.
Cabe mencionar que este review se hizo con la versión de Nintendo Switch jugando en una Nintendo Switch 2. El juego no tiene versión específica de Switch 2, pero con la versión de Switch original se puede jugar de todas maneras en la consola más moderna. Además, tiene un parche de día 1 que mejora su rendiniento.

El látigo, elc clásico que ahora también permite explorar
La propuesta sigue la estructura de un metroidvania: escenarios conectados, rutas bloqueadas y secretos que requieren conseguir nuevas habilidades para acceder a ellos. Esto invita a regresar a zonas anteriores y descubrir caminos que inicialmente parecían fuera de alcance.
El látigo no queda limitado al combate. También permite sujetarse de puntos específicos del escenario y balancearse para cruzar espacios, complementando los saltos, las trampas de pinchos y las plataformas que comienzan a desmoronarse al pisarlas.
En lo visual, Belmont’s Curse apuesta por una identidad gráfica distinta, sin abandonar la ambientación oscura característica de esta aventura. El combate combina ataques con espada, el uso del látigo y habilidades a distancia. Entre estas últimas aparecen una bola de fuego y una cruz que funciona de manera similar a un boomerang. Su utilización consume maná, que se recupera al atacar a los enemigos con la espada.
Una de las mecánicas destacadas permite acercarse rápidamente a un enemigo con el látigo y encadenar un ataque durante el desplazamiento. Esta combinación aporta movilidad a los enfrentamientos y favorece alternar entre ataques cercanos y opciones a distancia.
Y como es costumbre en un juego de esta saga, el aprendizaje resulta natural y no sobrecarga al jugador.

Modos de juego y estructura
El juego sigue la estructura clásica de metroidvania con un mapa grande, no lineal y dividido en zonas autocontenidas que recuerdan más a Super Metroid que a Symphony of the Night, con un jefe generalmente custodiando cada área y conexiones entre regiones a través de puentes, pasajes y puertas de ferrymen que se desbloquean progresivamente para permitir viajes rápidos entre zonas, incluidas las distintas partes del castillo de Drácula.
La exploración se apoya en modernas herramientas de calidad de vida, como porcentajes de completado por área, marcadores personalizables en el mapa y un sistema de viaje rápido entre salas de guardado que se activa agachándose frente a un espejo durante unos segundos, una función útil que el juego, curiosamente, nunca explica claramente.
Más allá de la campaña principal, Belmont’s Curse incorpora un sistema de Works of Mercy que permite elegir mejoras adicionales para la magia, y una progresión basada en experiencia que sube las estadísticas generales de salud y defensa al eliminar enemigos, sumado a expansiones de HP y MP escondidas en cámaras de plataformas particularmente difíciles.
El juego ofrece además opciones de accesibilidad y modificadores de dificultad, incluyendo un modo «prevent death» que vuelve al jugador prácticamente invencible para quienes prefieran enfocarse en la exploración y los puzles sin la presión del combate, algo que se valora bastante como una decisión sensata ante la dificultad general del título.
No es un juego fácil. Incluso, en momentos puede llegar a sentirse como bastante difícil –vamos, como la mayoría de los Castlevania–. Pero el juego te permite modificar parámetros de daño para hacerlo más fácil si es que así tu lo deseas.

Gameplay y combate
La jugabilidad se apoya en el icónico látigo Vampire Killer de la familia Belmont, que permite no solo atacar sino también balancearse de objetos y engancharse a ellos como un trapecista, una mecánica que transforma la verticalidad y el posicionamiento en elementos centrales de la exploración desde las primeras horas. Rose es notablemente más ágil que Alucard en Symphony of the Night, incorporando air dash, doble salto, deslizamiento, wall jumps y el uso del látigo para balancearse de enemigos y ganchos incrustados a aproximadamente el doble de velocidad, lo que le da al juego un ritmo de plataformas mucho más veloz y fluido que sus predecesores.
El combate ofrece una profundidad sorprendente gracias a siete familias de armas —espada larga, espadas dobles, guanteletes, espada y escudo, lanza, espadón y látigo— cada una con cuatro variantes mitológicas de daño creciente, sumadas a las habilidades Arcana derivadas de los jefes y a las rélicas que desencadenan efectos ofensivos y defensivos.
Cada rama se siente viable e impactante, y que encontrar las armas a través de puzles y desafíos de plataformas es una de las partes más gratificantes del juego. Los jefes, por su parte, están diseñados con una personalidad y una dificultad que exigen aprender sus patrones, y el enfrentamiento contra el jefe final, que obliga a balancearse por una catedral gigante esquivando una guadaña que corta la pantalla, es sin dudas uno de los momentos más memorables del juego.

Gráficos y dirección artística
Visualmente, Belmont’s Curse es el mejor trabajo que Evil Empire ha producido jamás, con una estética colorida que no rompe su coherencia de estilo gótico y una densidad visual que no sacrifica claridad ni legibilidad en pantalla. Los fondos en capas, los escenarios de los jefes y las cinemáticas generan una atmósfera que invita a capturar capturas de pantalla constantemente, y el diseño de enemigos clásicos de la serie recibe un refresco imponente.
La música, compuesta en gran parte por Yoann Laulan, el compositor de Dead Cells, mezcla campanas, órganos y orquestaciones con elementos de trap y hip-hop que encajan con el ritmo rápido de las plataformas, y utiliza los temas icónicos de la saga, como «Bloody Tears», con moderación y en momentos perfectamente calibrados.
Existen concesiones visuales menores, como modelos de personajes algo dentados en primeros planos de cinemáticas o elementos de fondo de baja fidelidad, esto apenas se nota en el zoom general del juego y que la experiencia visual en movimiento es sobresaliente.

Rendimiento en Nintendo Switch
En la versión de Nintendo Switch, Belmont’s Curse corre a 30 fotogramas por segundo, una cifra notablemente inferior a los 60fps que alcanzan las versiones de PlayStation 5, Xbox Series X/S y PC, algo que Konami confirma abiertamente en su ficha técnica oficial.
A pesar de esa limitación, no puedo declarar caídas de rendimiento significativas ni problemas de estabilidad que comprometan la jugabilidad, y la experiencia se mantiene fluida y consistente dentro de lo que permite el hardware de la consola híbrida. Solo enciertas ocasiones o usando ciertas armas específicas notamos un leve retraso y caída de algún frame al iniciar un ataque la primera vez luego de mucha inactividad.
La carga de contenido es razonablemente rápida, con una versión estándar de 4 GB en Switch frente a los hasta 12 GB de las versiones de mayor potencia o la Switch 2, lo que sugiere una optimización cuidadosa para el hardware menos potente.
El juego se siente cómodo tanto en modo portátil como en dock, y aunque la diferencia de framerate con las versiones de sobremesa será solamente perceptible para jugadores muy exigentes, y no compromete la lectura del campo de batalla ni la precisión de los controles, algo fundamental en un metroidvania donde el timing importa tanto como la exploración.

Veredicto
Castlevania: Belmont’s Curse no reinventa el metroidvania, pero sí demuestra que la fórmula puede ejecutarse con una maestría que la coloca entre los mejores ejemplos del género en la última década. Su ciclo de exploración, combate y progresión es genuinamente adictivo, su sistema de armas y Arcana ofrece una profundidad que invita a experimentar constantemente, y su narrativa centrada en Rose Belmont aporta un peso emocional poco común en la franquicia.
Si el framerate de 30fps en Switch es la principal concesión técnica, el conjunto general compensa con creces, y el juego se consolida como uno de los regresos más exitosos de una propiedad dormida en años. Si quieres jugar en mejor calidad, entonces claramente hay que jugar la versión de PS5 o la de PC.

